Llevar la carga juntos

Y le presentaron a Moisés el santuario, la tienda y todos sus utensilios, sus ganchos, tablones, travesaños, postes y bases. — Éxodo 39:33

La porción de la Torá de esta semana es una doble porción, Vaiakel–Pekudei, y es de Éxodo 35:11–40:38 y de 1 Reyes 7:13–8:21.

A veces se siente como si la carga que se nos ha dado es demasiado difícil de llevar. “¡Dios, no puedo cargar con esto yo solo!” decimos. “Y no tienes que hacerlo,” él siempre responde. Como dice el refrán: “¡Si la voluntad de Dios te lo ha traído, su gracia te llevará a superarlo!”

La construcción del Tabernáculo, Mishkán, fue un esfuerzo de grupo. Se requirió un período de tres meses y una nación entera para completar la obra. Todo el mundo ofrendó “de entre sus pertenencias” (Éxodo 35:5) y cada uno hizo lo que pudo hacer. Cuando los diversos grupos terminaron de fabricar las partes que les tocaban, todo fue entregado a Moisés. Dios le dio a Moisés el honor de ponerlo todo junto. Moisés sería quien en realidad erigiera el Mishkán. Dos años después de que los hijos de Israel habían salido de Egipto, el Mishkán estaba casi listo.

Sólo había un problema. Moisés evaluó la situación y se dio cuenta de que sería físicamente imposible para él levantar el Mishkán solo. Como todos sabemos, ¡Moisés tenía más de ochenta años! Los eruditos enseñan que Moisés le preguntó a Dios: “¿Cómo voy a hacer esto?” “Haz el esfuerzo y ponte a hacer lo que debes hacer, y luego el Mishkán se erigirá por sí mismo de forma milagrosa,” respondió Dios. Eso fue exactamente lo que sucedió.

Este vistazo entre bastidores de la construcción del Mishkán, nos da un mensaje de valor incalculable para cada una de las etapas de nuestra vida. Nosotros, también, tenemos que hacer lo que nos toca cuando se trata de la obra de Dios. No podemos huir de nuestra misión; tenemos que acogerla y dar lo mejor de nosotros. Pero tampoco tenemos que hacerlo todo nosotros solos. Los eruditos enseñan que a cada uno de nosotros Dios nos dice: “Abre para mí un espacio del tamaño de una aguja y yo te abriré una extensión del tamaño de la entrada de un atrio.” En otras palabras, haz tu mejor esfuerzo y Dios hará el resto.

A medida que transcurre el día de hoy, recuerde que usted no está solo y que no se le ha dado una carga que no pueda llevar. Dios está listo y dispuesto a ayudarnos en todo momento. Lo único que necesitamos hacer es pedir. ¡Con Dios no hay nada que no podamos soportar o hacer!