Levante su bandera

Los israelitas acamparán alrededor de la Tienda de reunión, mirando hacia ella, cada cual bajo el estandarte de su propia familia patriarcal. — Números 2:2

La porción de la Torá de esta semana, Bamidbar, es de Números 1:1–4:20 y la Haftará es de Oseas 2:1–22.

Se cuenta la historia de una comunidad judía que vivía en un país del Medio Oriente, mucho antes del restablecimiento del Estado de Israel. El gobernante de aquel país decidió que sólo quería musulmanes en su patria, lo que significaba que todos los judíos que vivían allí tenían que huir, convertirse al islamismo o ser asesinados. Los judíos, ya en pánico, enviaron al rabino principal para que tratara de razonar con el sultán.

El sabio rabino se acercó al sultán y anunció que tenía un regalo en nombre de la comunidad judía. Ante él, desplegó dos alfombras. Una de ellas era una hermosa alfombra oriental con muchos colores, diseños, aves y flores; la otra alfombra era sencilla y de color rojo. El rabino le dijo al sultán que podía quedarse con la alfombra que considerara más bonita.

“¡Qué insultante!” respondió el sultán. “La alfombra colorida es, obviamente, más bella que la sencilla. ¿Crees que soy tonto?”

“Por supuesto que no,” respondió el rabino. “Es por eso que estoy seguro de que también prefiere un imperio lleno de muchos matices de personas y no todas del mismo tipo.”

Y con eso, los judíos se salvaron.

Cuando Dios le dio a Moisés las reglas respecto a cómo los hijos de Israel debían colocarse cuando viajaban y cuando descansaban, especificó que cada tribu debía levantar “el estandarte de su propia familia.” ¿Qué eran esos estandartes y por qué era tan importante que los levantaran? ¿No podían izar una sola bandera que representara toda la nación de Israel?

Cada tribu de Israel tenía su propia bandera. Cada bandera tenía un símbolo que se relacionaba con su tribu, y los símbolos se basaban en las bendiciones que Jacob les había dado a sus hijos antes de morir. La bandera de Judá era azul celeste con el símbolo de un león; la bandera de Leví tenía la imagen del pectoral del sacerdote; la bandera de Benjamín tenía el símbolo de un lobo; etcétera. Cada bandera representaba la historia de la tribu y su fortaleza; también simbolizaba su lugar entre los hijos de Israel y lo que contribuía a la nación. Al levantar aquellas banderas, cada tribu celebraba sus propias fortalezas y también mostraba aprecio por lo que las demás tribus simbolizaban.

Aunque la unidad es una virtud, no tiene por qué ir en detrimento de la individualidad. De hecho, cuando se celebra lo que nos hace diferentes, podemos llegar a ser un todo más poderoso. Al igual que la hermosa alfombra oriental que se le presentó al sultán, aquello que hace que cada uno de nosotros sea único, también hace que el resto de nosotros sea más hermoso. ¿Qué tipo de música interpretaríamos si todos tocáramos el mismo instrumento?

Encuentre su instrumento y tóquelo fuerte en la gran sinfonía de la humanidad. Levante su bandera y haga del mundo un lugar más hermoso.