Levantarse

“Cuando hagas el censo y cuentes a los israelitas, cada uno deberá pagar al Señor rescate por su vida, para que no le sobrevenga ninguna plaga durante el censo.” — Éxodo 30:12

La porción de la Torá de esta semana, Ki Tisá, es de Éxodo 30:11—34:35 y de 1 de Reyes 18:1–39.

¿Qué es lo peor que le puede pasar a un ser humano? Pecar. Al pecar, nos dañamos a nosotros mismos, tanto en este mundo como en el eterno mundo venidero. En la porción de la Torá de esta semana, leemos el relato del horrible pecado del becerro de oro, cometido por los hijos de Israel justo cuando estaban a punto de recibir los Diez Mandamientos. Entonces, de todas las porciones de la Torá, ¿por qué es a esta a la que se le llama Ki Tisá, que significa “cuando levantes,” es decir “cuando levantes a los israelitas?” En todo caso, el tema de esta selección parece tener más que ver con descender hasta hundirse, y menos con levantarse.

Volvamos al principio del pasaje. Usted puede haber notado que el versículo dice: “Cuando hagas el censo y cuentes a los israelitas.” Así es como los judíos y los cristianos entienden el primer versículo de la porción de esta semana. Sin embargo, los eruditos señalan que la traducción literal de este versículo es: “Cuando levantes a los israelitas . . .” Eso no es un error, explican los eruditos. El uso del término “levantar” nos proporciona información importante sobre la porción de la Torá en general y el pecado en particular.

El pecado, en efecto, es la peor cosa que le puede pasar a una persona en este mundo. Pero la mejor cosa que le puede pasar a cualquier ser humano es el arrepentimiento.

Aunque todos preferimos evitar el pecado completamente, una vez que ocurre lo inevitable — como dice en Eclesiastés: “No hay en la tierra nadie tan justo que haga el bien y nunca peque” (7:20) — podemos elegir el resultado final: podemos quedarnos atrapados en nuestros caminos pecaminosos y perjudicarnos a nosotros mismos por toda la eternidad, o podemos optar por el arrepentimiento y convertir nuestro descenso en un ascenso.

El arrepentimiento no sólo repara nuestra relación con Dios, ¡más bien la realza!

Ahora podemos entender por qué la porción de la Torá que describe uno de los pecados más infames de todos los tiempos es un “levantar.” Los hijos de Israel se arrepintieron y su relación con el Señor se hizo más fuerte que antes. De hecho, el día en que Dios finalmente aceptó el arrepentimiento de los israelitas y los perdonó, se convirtió por siempre en un día poderoso. Actualmente, llamamos a ese día Iom Kipur, el Día de la Expiación. Este día, todos los años, proporciona un momento oportuno para recibir el perdón de Dios y acercarse más a él, de manera incremental.

El poder del arrepentimiento está disponible para todos, todos los días y en todo momento. ¿Hay algo que lo tiene a usted estancado? Sálgase del lugar donde ha caído y elévese hacia Dios. Arrepiéntase y levántese. Cada fracaso puede mantenerlo decaído o puede inspirarlo para levantarse y mantenerse de pie con la cabeza alzada.