Las únicas posesiones verdaderas

Tan pronto como Moisés terminó de hablar, la tierra se abrió debajo de ellos; se abrió y se los tragó, a ellos y a sus familias, junto con la gente y las posesiones de Coré. — Números 16:31-32

La porción de la Torá de esta semana, Koraj, es de Números 16:1 – 18:32, y la Haftará es de 1 Samuel 11:14 – 12:22.

Coré era un hombre extremadamente rico. Incluso hoy en día, la expresión usada en hebreo para describir a una persona acomodada es: “Tan rico como Coré.” El Talmud dice que se necesitaban cientos de mulas sólo para cargar las llaves de los depósitos de los tesoros de Coré. La leyenda cuenta que Coré fue una de las personas más ricas que hayan vivido jamás.

En el libro de Eclesiastés, el rey Salomón escribió: “He visto un mal terrible en esta vida: riquezas acumuladas que redundan en perjuicio de su dueño” (5:13). Los eruditos explican que la riqueza de la que se habla en este versículo ––del tipo que hace daño a sus propietarios–– es una referencia a la riqueza de Coré. La riqueza de Coré le dio una falsa sensación de seguridad y le hizo pensar que era más grande de lo que realmente era. Así, su riqueza terminó siendo su mayor enemiga, pues lo condujo a su rebelión y posterior caída.

Los eruditos enseñan que los hijos de Coré estuvieron de su lado durante la rebelión. Cuando la tierra se abrió, se tragó a Coré, a sus hijos y a todas sus posesiones. Sin embargo, los eruditos indican que los hijos de Coré se arrepintieron mientras estaban bajo tierra y luego, milagrosamente, se les sacó de allí. Mientras estaban bajo tierra, compusieron un poderoso salmo que se lee hasta el día de hoy, acerca de la riqueza.

En el Salmo 49, los hijos de Coré escriben: “No te asombre ver que alguien se enriquezca. . . porque al morir no se llevará nada, ni con él descenderá su esplendor” (v. 16-17).

Imagínese ese momento profundo de claridad, cuando los hijos de Coré se encuentran entre los dos mundos, viendo a su acaudalado padre y a sus prominentes partidarios perecer en un instante. ¿Dónde estaba su dinero en aquel momento? ¡Todo el dinero del mundo no podía comprar ni un instante de vida! ¡Ahora su dinero era inútil!

Hay una impactante historia que se cuenta de un miembro de la famosa y adinerada familia Rothschild. Alguien le preguntó a aquella persona: “¿Exactamente, cuánta riqueza tiene?” “Le voy a enseñar” contestó Lord Rothschild. Llevó al hombre a una habitación y le mostró muchos documentos; eran recibos procedentes de organizaciones benéficas a las que él había apoyado. “Estos”, dijo Lord Rothschild, “son mis únicas pertenencias verdaderas. Sólo el dinero que he regalado me acompañará a la tumba.”

Al final, ninguna posesión tiene sentido; sólo nuestras buenas obras estarán con nosotros para siempre. Así que convirtamos nuestra riqueza en caridad y usemos nuestras posesiones para hacer bondades. De esa manera, tendremos algo de valor real que estará con nosotros para siempre.