Las buenas noticias acerca de las malas noticias

El justo será siempre recordado;
   ciertamente nunca fracasará.
No temerá recibir malas noticias;
   su corazón estará firme, confiado en el Señor. — Salmo 112:6–7

Imagínese este escenario: Usted ha sido invitado a la fiesta de un amigo y cuando llega, le dan la bienvenida con una gran sonrisa y una atenta hospitalidad. Hay un magnífico despliegue de comida y una elegante selección de vinos. Los demás invitados comienzan a llegar, todos vestidos con sus mejores galas, y la música comienza a tocar. Todo parece perfecto. Sólo hay un problema: usted no sabe cuál es el motivo de la fiesta. Así que le pregunta a su amigo: “¿Qué estamos celebrando?” “¡Perdí mi empleo!”, él le responde.

Aunque tal escena parezca un poco extraña y fuera de lugar, los eruditos enseñan que ese tipo de respuesta frente a las malas noticias es totalmente apropiada. La tradición judía enseña que se supone que, así como estamos agradecidos por las cosas buenas de la vida, también debemos estar agradecidos por las cosas malas que nos suceden. Pero, incluso si tenemos fe en que las cosas saldrán bien cuando nos ocurre algo malo, ¿podemos realmente sentirnos agradecidos?

En el Salmo 112, el salmista escribe: “y por eso nunca tendrá tropiezos . . . vivirá sin temor a las malas noticias” (RVC). ¿Cómo es que los justos nunca tienen tropiezos? ¿Cómo es que no tienen miedo de oír malas noticias? La razón es que “ . . . su corazón estará firme y confiando en el Señor” (RVC).

Intente el siguiente ejercicio: Piense en algún momento cuando recibió una “mala” noticia que terminó ser, en el largo plazo, una buena o incluso la mejor noticia. ¿Recuerda a alguien que perdió un trabajo para luego encontrar uno mucho mejor? O, ¿a alguien que pasó por una relación dolorosa y disfuncional, para más adelante encontrar una relación más sana y amorosa? Al final, ¿no se sintieron estas personas agradecidas por los cambios que tuvieron que hacer?

No siempre vamos a ser capaces de entender cómo las cosas malas pueden ser buenas, porque no siempre sabemos lo que Dios quiere para nosotros. Pero lo que sí podemos entender, en lo profundo de nuestros corazones, es que Dios quiere lo mejor para nosotros de manera que le podamos servir mejor. Saber que todo en nuestra vida es parte del plan de Dios nos ayuda a celebrar lo bueno y lo malo.