Las aguas de Noé

Para mí es como en los días de Noé, cuando juré que las aguas del diluvio no volverían a cubrir la tierra. Así he jurado no enojarme más contigo, ni volver a reprenderte.Isaías 54:9

La porción de la Torá de esta semana, Noé, es de Génesis 6:9 – 11:32 y de Isaías 54:1 – 55:5.

El libro de Isaías hace una referencia a los tiempos de Noé. El profeta escribió: “Porque esto me será como en los días de Noé, cuando juré que nunca más las aguas de Noé pasarían sobre la tierra. Asimismo he jurado que no me enojaré contra ti ni te reñiré”. Esto es claramente una referencia al diluvio que destruyó el mundo durante el tiempo de Noé. Pero, ¿por qué Dios llama al diluvio “las aguas de Noé”? Noé hizo el arca, ¡pero sólo Dios pudo traer la lluvia!

Los eruditos explican que las aguas pertenecen a Noé porque, en cierto modo, él fue responsable de traerlas.

¿Cómo puede ser? ¿No dice la Escritura que Noé era justo y honrado en Génesis 9? ¿Cómo podemos culpar a Noé por el diluvio cuando era la gente a su alrededor la que era malvada?

La tradición judía enseña que Dios hubiera salvado al mundo si hubiera habido diez personas justas en él. Noé era una de ellas, con sus tres hijos sumaban cuatro, añadiendo a sus esposas eran ocho. Dios habría sido indulgente y se hubiera contado él mismo como otro ser justo que habitaba la Tierra. De esta manera, eran nueve el total de individuos justos. Todo lo que Noé tenía que hacer era traer una sola persona más a Dios, ¡y el mundo entero se habría salvado!

¿Sabe cuántos años le tomó a Noé construir la gigantesca arca? ¡Ciento veinte años! ¿Sabe por qué? Porque en todos esos años, Dios esperaba que alguien se acercara y dijera: “¡Oye Noé! ¿Qué es lo que  están haciendo con toda esa madera?”, y que  Noé se hubiera llenado de amor y pasión y hubiera contestado: “Déjame que te cuente acerca de Dios y por qué él me dijo que hiciera este barco…”. ¡Durante todos esos años Dios estuvo esperando que Noé convirtiera un solo corazón a él!

Pero ese no era el estilo de Noé. Noé era justo, pero no estaba en lo correcto. Se preocupaba por su relación con Dios, pero no hacía caso de las personas que lo rodeaban. Noé podría haber evitado el diluvio y es por eso que es culpado.

Mis amigos, somos los guardianes de nuestros hermanos. Todos somos responsables del destino del mundo. Como Edmund Burke dijo: “Para que el mal triunfe solo se necesita que los hombres buenos no hagan nada”. Podemos ser rectos y perfectos cuando se trata de nuestra relación con Dios, pero si dejamos de lado al resto de la humanidad, somos igualmente responsables por el mal que persiste.

Nuestro trabajo consiste en llegar a aquellos que están lejos de Dios con amor y calidez.