La totalidad de las partes

Moisés reunió a toda la comunidad israelita, y les dijo: “Éstas son las órdenes que el Señor les manda cumplir.” — Éxodo 35:1

La porción de la Torá de esta semana es una doble porción, Vaiakel–Pekudei, y es de Éxodo 35:11–40:38 y de 1 Reyes 7:13–8:21.

¿Qué es más importante: la totalidad o sus partes?

Todos sabemos que la totalidad es mayor que la suma de sus partes, pero es igualmente cierto que el valor de la totalidad se determina completamente por el valor de sus partes. Entonces, ¿qué es más importante?

En la vida nos enfrentamos a este dilema muy a menudo. ¿Enfatizamos una mentalidad de equipo,   enseñándonos a nosotros mismos y a nuestros hijos que las necesidades individuales deben dejarse de lado por el bien de la comunidad? ¿O hacemos hincapié en el valor de la individualidad, de la singularidad y lo especial de cada persona, creada a imagen de Dios?

La tensión entre estas dos corrientes de pensamiento convergen en nuestras dos porciones de la Torá: Vaiakel y Pekudei, que a diferencia de las porciones anteriores, se leen habitualmente juntas en el mismo sábado.

Vaiakel significa “reunió”, como en la frase: “Moisés reunió a toda la comunidad israelita . . . ” Hay muchas palabras hebreas para “juntar” o “unir,” pero Vaiakel, más que cualquier otra palabra, hace hincapié en la unión con el propósito de formar una totalidad. Los “reunidos” se convierten en una “reunión.”

Pekudei, por el contrario, significa “contar.” Esta palabra hace resaltar que cada persona “cuenta.” Cada individuo es importante y único, una parte indispensable de la creación de Dios.

El hecho de que estas dos porciones de la Torá se lean usualmente juntas, nos enseña que ambas perspectivas son correctas; no son mutuamente excluyentes, sino que son complementarias. Una sin la otra es incompleta; ambas maneras de ver las cosas son necesarias para acertar en la vida.

Tal vez por esa razón es que un famoso rabino acostumbraba mantener dos papelitos en sus bolsillos todos los días. En un bolsillo, el papel decía: “¡El mundo fue creado para mí!” En el otro: “Yo no soy más que polvo y ceniza.” En conjunto, estas dos perspectivas mantienen a una persona equilibrada. La parte difícil es saber cuándo sacar cuál papelito. Algunas situaciones requieren la expresión individual, mientras que otras exigen una tranquila sumisión a los demás. Con la ayuda de Dios, sabremos qué situaciones exigen cuál enfoque.

El mensaje de la doble porción de la Torá de esta semana nos enseña que todos los días tenemos que dedicar tiempo para enfrentar tanto nuestras necesidades individuales como también las necesidades del mundo que nos rodea. Tenemos que empezar cada día preguntándonos: “¿Qué necesito yo hoy?”, y también: “¿Qué puedo aportarle al mundo?” Si lo hacemos, terminaremos cada día con la profunda satisfacción que viene de saber que hemos contribuido a la perfección del mundo de Dios, a la vez que hemos cuidado de nosotros mismos, sus hijos.