La Torá en el desierto

El Señor le habló a Moisés en el desierto de Sinaí, en la Tienda de reunión, el día primero del mes segundo, en el segundo año después de que los israelitas salieron de Egipto. Le dijo: “Hagan un censo de toda la comunidad de Israel por clanes y por familias patriarcales, anotando uno por uno los nombres de todos los varones.” — Números 1:1–2

La porción de la Torá de esta semana, Bamidbar, es de Números 1:1–4:20 y la Haftará es de Oseas 2:1–22.

Según la tradición judía, cuando Dios quiso entregarle la Torá, la Biblia, a la humanidad, se la ofreció a todas las naciones del mundo antes que a los hijos de Israel. Todas las naciones le hicieron la misma pregunta a Dios: “¿Qué contiene?” Dios compartió con ellos los Diez Mandamientos: no robar, no matar, no cometer adulterio, y así sucesivamente. “No, gracias,” respondieron, “¡es demasiado duro!”

Cuando Dios les ofreció la Torá a los hijos de Israel, ellos no hicieron ninguna pregunta; simplemente respondieron: “Haremos todo lo que el Señor ha dicho, y le obedeceremos” (Éxodo 24:7). Lo que sucedió después es la historia que todos conocemos.

Esta semana, no sólo leemos una nueva porción de la Torá, sino que también comenzamos el cuarto de los cinco libros de Moisés, el libro de Números. La porción comienza con el mandamiento de Dios de que se contara a los israelitas, que es de donde el libro toma su nombre en español: Números. Sin embargo, el nombre hebreo del libro, y también de la porción, es Bamidbar, que significa “desierto,” palabra que se menciona desde el primer versículo: “El Señor le habló a Moisés en el desierto de Sinaí . . .

Los eruditos preguntan por qué se eligió ese título. El hecho de que los hijos de Israel estuvieran en el desierto no era noticia. Los israelitas habían estado allí desde la segunda mitad del libro de Éxodo. ¿Por qué se escogió un título que enfatiza que los israelitas estaban en el desierto?

La razón del énfasis se debe a que esta porción siempre se lee justo antes de Shavuot, la Fiesta de las Semanas. En Shavuot, celebramos la entrega de la Torá, que se produjo en el sexto día del mes hebreo de Siván, el día de Shavuot. Los rabinos querían que al volver a aceptar la Torá y renovar nuestro compromiso con la Palabra de Dios, recordáramos que la Torá fue entregada originalmente en un desierto. ¿Por qué?

Esta es sólo una de varias razones: El desierto es uno de los lugares más difíciles para vivir. De hecho, Jeremías lo llama “tierra . . . en la que nadie vive” (Jeremías 2:6). Los días calurosos son duros, y las noches frías aún más difíciles. Hay poca o ninguna comida ni agua. No obstante, es precisamente en esas condiciones difíciles que Dios dio su Palabra. Dios quiere que sepamos que su Palabra es relevante en cualquier momento y en cualquier lugar. No hay tiempo, lugar o situación en que la Palabra de Dios sea demasiado difícil de mantener o en que no se aplica.

Es posible que algunas veces nuestra vida se sienta como un árido desierto. Las cosas son difíciles y nada llega fácil. Pero es especialmente en esos momentos en que tenemos que aferrarnos a la Palabra de Dios con fe y obediencia. Debemos servir a Dios en todo lugar y en todo momento. Si los israelitas en el desierto fueron capaces de aceptar fielmente la ley de Dios, entonces sin lugar a dudas, nosotros podemos hacer lo mismo.