La prosperidad de Jerusalén

Que el Señor te bendiga desde Sión,
   y veas la prosperidad de Jerusalén
   todos los días de tu vida.
   Que vivas para ver a los hijos de tus hijos.
   ¡Que haya paz en Israel! — (Salmo 128:5-6)

¿Por qué eligió Dios a Abraham? Abraham no fue el primero en reconocer a Dios. Noé se relacionó con Dios y sus descendientes, Sem y Eber, no sólo lo conocieron, sino que también crearon un lugar donde podían estudiar y aprender más del único y verdadero Dios. ¿Qué tenía Abraham de especial que Dios lo escogiera para hacer un pacto con él?

Los eruditos explican que Abraham fue el primero en llevar el mensaje de Dios al mundo. Abraham puso su tienda en una carretera principal, la abrió por los cuatro costados e invitó a los desconocidos a entrar a tomarse algo y escuchar de Dios. Los eruditos comparan a Sem y Eber a un frasco de perfume con el corcho puesto. ¿De qué sirve? Pero Abraham, enseñan los eruditos, era como una botella abierta de perfume, que difundía una fragancia maravillosa en el mundo y le dejaba una impresión tangible a cualquiera que se cruzaba en su camino. Es por eso que Abraham fue elegido para ser socio de Dios.

El Salmo 128 confiere grandes bendiciones a los que temen al Señor y caminan en obediencia. Pero luego el salmo concluye con la bendición de ver la prosperidad de Jerusalén y de pedir por la paz en Israel. ¿Qué tiene que ver eso con las bendiciones de los justos? ¿Por qué una persona justa sentada en medio del continente americano, con una gran familia y mucho sustento, necesita que haya paz en Israel?

La intención del Salmo 128 es recordarnos que hasta que no haya paz en Jerusalén y en todo el mundo, ninguno de nosotros estará completo. Podemos tener todas las bendiciones del mundo y aun así, nos hará falta algo. Abraham le llevó el mensaje de Dios al mundo porque se dio cuenta de que todos estamos conectados. Abraham comprendía que si un solo ser humano no tenía acceso a Dios, a él también le haría falta algo.

La humanidad se puede comparar al cuerpo humano, y según los eruditos, Jerusalén se compara con el corazón. Sólo cuando haya paz en Jerusalén, habrá paz en el mundo. Y sólo cuando haya paz en el mundo, tendrá paz el individuo que es verdaderamente justo.

Al pedir la bendición de Dios, hagámoslo en el espíritu de Abraham, quien oró en nombre de todo el mundo. Sólo al orar por la paz y la prosperidad de Jerusalén, y de esta manera del mundo entero, se completarán nuestras bendiciones.