La joven apropiada

Permite que la joven a quien le diga: “Por favor, baje usted su cántaro para que tome yo un poco de agua”, y que me conteste: “Tome usted, y además les daré agua a sus camellos”, sea la que tú has elegido para tu siervo Isaac. Así estaré seguro de que tú has demostrado el amor que le tienes a mi amo. — Génesis 24:14, NVI

La porción de la Torá de esta semana, Jaiei Sara, es de Génesis 23:1 — 25:18 y de 1 Reyes 1:1 – 31.

El siervo de Abraham fue enviado a cumplir una misión muy importante. Él había jurado a su amo que iba a encontrar una compañera apropiada para que Isaac se casara con ella. ¡Qué tarea tan abrumadora! ¿Dónde podría encontrar a la mujer adecuada? ¿Cómo iba a saber si era la correcta? ¡El futuro de los descendientes de Abraham dependía del éxito del siervo!

Entonces al criado de Abraham se le ocurrió un plan. Iría a un pozo en el lugar donde vivían los parientes de Abraham y la mujer que le ofreciera agua para él y sus camellos sería la esposa de Isaac.  Así habría demostrado que era amable y apropiada para la casa de Abraham.

Los eruditos se preguntan por qué la prueba del siervo requería que la joven meritoria le ofreciera agua a él y a sus animales. ¿Qué si Rebeca le hubiera ofrecido agua solo al siervo y no a sus camellos? ¿La habría convertido aquel hecho en  una mala opción para Isaac?

Una vez escuché la siguiente historia de un psiquiatra. Al inicio de su carrera, el psiquiatra acostumbraba llevar a los estudiantes de medicina al pabellón psiquiátrico donde les mostraba, en carne y hueso, los ejemplos clásicos de psicosis de los libros de texto. Uno de los ejemplos era un hombre que había estado allí durante 52 años y que nunca había hablado en todo ese tiempo. Cuando el paciente no estaba comiendo o durmiendo, se ponía de pie en la esquina de una habitación en una posición incómoda, con las manos extendidas hacia arriba. Nadie había conseguido que el hombre se sentara.

Un día, un estudiante le preguntó al psiquiatra si podía intentarlo. El estudiante se acercó al paciente, asumió la misma contorsionada postura y le dijo: “Voy a estar aquí de pie en esta posición. Usted puede ir a descansar”.  Por primera vez en 52 años, ¡el paciente se sentó! ¿Cómo lo logró el joven estudiante? Todos los demás habían tratado de ayudar al hombre pensando del punto de vista de sus propias necesidades. Pero el estudiante fue el primero en pensar en las necesidades que el paciente podría tener. Desde ese punto de vista, se dio cuenta que el paciente creía que él estaba sosteniendo el mundo y sólo podía sentarse si alguien más lo sostenía por él.

El siervo de Abraham no estaba buscando cualquier chica buena. Él estaba buscando a alguien con una disposición extraordinariamente amable. Muchas chicas se identificarían con la necesidad del siervo de beber agua, pero sería raro encontrar a una que pudiera ponerse en su lugar y reconocer la necesidad que él tenía de que sus animales bebieran también.

Aprenda de la lección de Rebeca. Cuando considera las necesidades de los demás, vea el mundo desde la perspectiva de ellos. Entonces, también, será digno de formar parte de la familia de Abraham.