La familia realmente importa

“Jacob residió diecisiete años en Egipto, y llegó a vivir un total de ciento cuarenta y siete años”. (Génesis 47:28, NVI)

La porción de la Torá de esta semana, Vaiejí, es de Génesis 47:28 – 50:26 y de 1 Reyes 2:1-12.

La historia de Jacob y sus hijos llega a su fin en la porción de la Torá de esta semana, y con esto concluye el libro de Génesis. La porción de la Torá se llama Vaiejí, que significa “y vivió”, que viene del versículo de apertura que comienza con “Jacob vivió…”. Génesis inicia con la creación de la vida, y apropiadamente concluye con alguien que vivió la vida como verdaderamente se debe vivir.

Sin embargo, a los eruditos les inquieta la redacción del primer versículo. ¿Cómo –se preguntan– puede la Escritura decir que Jacob vivió en Egipto? El hogar de Jacob era Canaán; ¡él vivió en la Tierra Santa! Jacob fue a Egipto con la intención de permanecer allí temporalmente, sólo hasta que la hambruna en Canaán hubiera terminado. ¿No hubiera sido más apropiado decir “Jacob vivió una temporada…”, o “Jacob residió temporalmente…”?

Los eruditos enseñan que el valor numérico de la palabra Vaiejí es 34. Jacob, que vivió hasta los 147 años de edad, vivió de forma verdaderamente plena sólo 34 años. Según la tradición judía, estos años fueron los 17 años anteriores a que José fuera vendido como esclavo a los egipcios y los 17 años posteriores al encuentro de Jacob con José, cuando vivió junto a su familia en Egipto. Sólo durante aquellos 34 años fue que Jacob realmente vivió.

Este impresionante comentario nos enseña la importancia de la unidad familiar. Todos hemos tenido la experiencia de reunirnos en torno a una mesa de celebración, con los amigos y la familia, y sentir el gozo y la paz que vienen con ese tipo de reunión anual. A veces, ¡pareciera que esas pocas horas o días juntos, son los únicos días “reales” del año! El resto del año, vamos por la vida y seguimos con nuestras rutinas, pero cuando nos unimos como familia, nuestras vidas se enriquecen de manera significativa y nos sentimos verdaderamente vivos.

Imagínese cómo deben haber sido para Jacob esos últimos 17 años. A pesar de que estaba en Egipto, lejos de la Tierra Santa, estaba junto a sus hijos, sus nietos y sus familias que crecían constantemente. Esos preciosos años estuvieron llenos de paz, abundancia y piedad. Los niños, padres y abuelos, todos estudiaban la Palabra de Dios juntos. En la porción de la Torá de esta semana, Jacob realmente vive. Como parte de la vida, Jacob pasó su legado a sus descendientes y murió rodeado por sus seres queridos.

Amigos, es genial que las festividades ya lleguen y que podamos pasar tiempo con la familia y los amigos. Pero, ¿por qué esperar las celebraciones? Es difícil sacar tiempo para las reuniones familiares en el ajetreado mundo de hoy, pero vale la pena hacer el esfuerzo. Porque al fin y al cabo, la familia es lo que realmente importa en la vida. La familia, como Jacob sabía, es vida.