La experiencia del sacrificio

Que les dijera a los israelitas: “Cuando alguno de ustedes traiga una ofrenda al Señor, deberá presentar un animal de ganado vacuno u ovino.” — Levítico 1:2

La porción de la Torá de esta semana, Vaikrá, es de Levítico 1:1–5:19 y de Isaías 43:21–44:23.

Como personas que vivimos en la sociedad actual, nos es difícil identificarnos con las prácticas de culto de las sociedades antiguas, que giraban alrededor del ofrecimiento de sacrificios a Dios o, en la mayoría de los casos, a varios dioses. Es difícil para nosotros imaginar que la ofrenda de animales quemados tuviera algún valor para el Todopoderoso. Sin embargo, aquí en la Biblia claramente encontramos el mandamiento de Dios de ofrecerle sacrificios de animales.

En todos los demás casos de ofrendas de sacrificio, la premisa era que los dioses “necesitaban” algo de los seres humanos. Pero como seguidores del Dios de Israel, creemos que Dios no necesita nada. ¿Qué podría querer Dios de unos animales muertos?

El primer indicio de la respuesta puede derivarse de la palabra hebrea para sacrificio: karbanot. La palabra karbanot viene de la palabra karov, que significa “cerca” como en “cercanía.” El punto de los karbanot era estrechar nuestra relación con Dios. En otras palabras, Dios no los necesitaba, ¡nosotros los necesitábamos!

Una vez leí una historia que explica bien esta idea, acerca del actor Kirk Douglas. En 1991, Kirk estuvo involucrado en un accidente grave de helicóptero. El piloto y el copiloto perdieron la vida, pero milagrosamente Kirk sobrevivió. El evento impactó a Kirk profundamente, y mientras se recuperaba en el hospital, no podía dejar de preguntarse por qué él había sobrevivido.

Kirk llegó a la conclusión de que si Dios había escogido mantenerlo con vida, entonces debía haber una razón. Este fue el comienzo de un viaje espiritual que finalmente llevó a Kirk de nuevo a sus raíces judías y a adoptar una vida centrada en Dios; una muy diferente a la vida al estilo de Hollywood, que el actor había llevado hasta entonces.

¿Qué tiene que ver la historia de Kirk Douglas con los sacrificios del Templo?

De acuerdo a las Escrituras, cuando una persona traía un sacrificio al Templo, tenía que apoyarse en el animal y pensar: “Podría haber sido yo.” De esa manera, el devoto pasa por una experiencia similar a la que Kirk Douglas tuvo, en la que la persona se queda pensando: “Si yo todavía estoy vivo debido a la misericordia y gracia de Dios, tiene que haber una razón.” Ese tipo de pensamiento podría causar que una persona estreche, más que nunca, su relación con Dios.

Entonces, esa es la forma en que actualmente le ofrecemos sacrificios a Dios; nos ofrecemos a nosotros mismos.