La cabeza del año

Que les dijera a los israelitas: “El primer día del mes séptimo será para ustedes un día de reposo, una conmemoración con toques de trompeta, una fiesta solemne en honor al Señor.” – Levítico 23:24

Nota a nuestros lectores: Hoy es el primer día de Rosh Hashaná y el comienzo de los Días Más Sagrados, la época más sagrada del año para el pueblo judío. Durante la observancia de los dos días de Rosh Hashaná, vamos a ofrecer una reflexión vinculada con esta festividad. Dado que no se puede trabajar durante Rosh Hashaná, estas reflexiones se prepararon con antelación para usted.

La víspera de Año Nuevo es generalmente un momento de celebración. Al despedir el año viejo y dar la bienvenida al nuevo, la mayoría de la gente celebra con reuniones festivas. Algunas personas beben un poco, otras bailan y en general todos disfrutan un buen rato mientras se escapan temporalmente de la realidad y de la vida cotidiana. Sin embargo, el enfoque que el judaísmo le da al Año Nuevo es totalmente lo contrario. En lugar de alejarnos de nuestra realidad, nos acercamos más a ella. No nos perdemos en las fiestas; más bien, es a través de la celebración de Rosh Hashaná que nos encontramos a nosotros mismos.

Rosh Hashaná se traduce libremente como “el Año Nuevo Judío,” no obstante eso no es lo que las palabras significan literalmente. Rosh en hebreo significa “cabeza”, mientras Hashaná significa “el año.” De esta manera, Rosh Hashaná significa literalmente “la cabeza del año.” Eso no es sólo una diferencia semántica, sino que conlleva un significado completamente diferente. Así como la cabeza determina dónde y cómo el resto de nuestro cuerpo va, así también el comienzo del año va a determinar cómo transcurrirá el resto de nuestro año. Este es un pensamiento aleccionador y lleno de posibilidades; es la razón por la que el Año Nuevo Judío es un tiempo para estar más que nunca en sintonía con la realidad.

A Shneur Zalman, un rabino del siglo xviii, alguien una vez le preguntó: “¿Cómo hemos de interpretar que Dios, el Omnisciente, le preguntara a Adán: ‘¿Dónde estás?’ después de que Adán pecara al comer el fruto prohibido?” “¿Cree usted que las Escrituras son eternas y que cada época, cada generación y cada persona se encuentran incluidas en ella?”, respondió el rabino. “Lo creo,” contestó aquel individuo. “Bueno, entonces,” dijo el rabino Shneur Zalman, “en todas las épocas, Dios le pregunta a cada persona: ‘¿Dónde estás en tu vida? Tantos días y años de los que se te han asignado ya han pasado, y ¿qué tan lejos has llegado en tu vida?’”

En el primer Rosh Hashaná de este mundo, Adán fue creado, pecó y fue juzgado. Fue en ese día que Dios le preguntó: “¿Dónde estás?”, y es en ese día, todos los años, que Dios nos hace la misma pregunta y tenemos que dar una respuesta. Tenemos que echar una mirada hacia dónde hemos estado y dónde tenemos la intención de llegar. Tenemos que rendir cuentas por los giros equivocados que hayamos dado y volver al camino en el cual queremos estar.

Dios ya sabe dónde estamos, física y espiritualmente. En Rosh Hashaná, somos nosotros mismos los que tenemos que tomar conciencia de dónde estamos, y lo más importante, determinar hacia dónde nos dirigimos.