Kosher adentro y afuera

Nota a nuestros lectores: La celebración judía de la Pascua se lleva a cabo durante ocho días. Dado que no se puede trabajar durante los días más santos de la Pascua, estos devocionales fueron preparados para usted de antemano.

Considerarán impuro a todo animal que no tenga la pezuña partida ni sea rumiante. Cualquiera que lo toque quedará impuro. — Levítico 11:26

La porción de la Torá de esta semana, Shemini, es de Levítico 9:1 – 11:47 y la Haftará es de 2 Samuel 6:1-19.

Una vez vi una caricatura que mostraba un cerdo que supuestamente tenía el siguiente pensamiento: “¡Me gustaría que todo el mundo fuera judío!” De todos los animales en el mundo que no son kosher, el cerdo es el más notorio. Incluso los judíos que apenas guardan las leyes de la Torá, se mantienen alejados de la ingesta de cerdo. De alguna manera, este animal se volvió diferente a todos los otros animales que no son kosher.

Los eruditos explican que hay algo único en cuanto a los cerdos. Hay dos señales que determinan si un animal es kosher o no. Los animales considerados kosher primero tienen las pezuñas partidas. En segundo lugar, los animales kosher deben masticar su bolo alimenticio. Una señal es perceptible desde el exterior; la otra es sólo evidente en el interior. Para que un animal sea kosher, debe exhibir ambas señales. Si una de las señales no está presente, todo el animal está prohibido.

La mayoría de los animales tienen ambas o ninguna señal. Sin embargo, el cerdo tiene pezuñas partidas, pero no rumia. En el exterior, el cerdo parece kosher, pero en el interior ciertamente no lo es.

Los eruditos explican que estas características del cerdo son simbólicas y nos enseñan una lección. Algunas personas en la vida se ven bien en el exterior, pero en el interior, no son lo mismo. A este tipo de personas las llamamos hipócritas: muestran una cara al mundo exterior, pero llevan una vida privada totalmente diferente. Ese tipo de comportamiento, simbolizado por el cerdo, ¡no es kosher! Va en contra de la voluntad de Dios y ciertamente no engaña a Dios, quien ve el corazón de las personas: “La gente se fija en las apariencias, pero yo me fijo en el corazón” (1 Samuel 16:7).

Mientras leemos esta porción de la Torá, es un buen momento para reflexionar sobre nuestro propio carácter. ¿De qué forma somos hipócritas? ¿Cómo podemos llegar a ser más sinceros?

Considere este ejercicio: Escoja un día para vivir como si todo lo que estuviera haciendo –tanto en público como en privado– se estuviera transmitiendo en vivo en una enorme pantalla en el Times Square de Nueva York. ¿Haríamos algo diferente? A medida que empezamos a hacer los cambios necesarios en nuestro comportamiento y lo que está dentro de nosotros realmente encaja con nuestra apariencia y acciones hacia el exterior, seremos recompensados con paz interior, autoestima y alegría.