Hagamos música

“¡Canten salmos al Señor al son del arpa,     al son del arpa y de coros melodiosos! ¡Aclamen alegres al Señor, el Rey,     al son de clarines y trompetas!(Salmo 98:5–6, NVI)

A primera vista, el Salmo 98 suena igual que el Salmo 96. Ambos salmos hacen un llamado a las naciones del mundo a unirse en alabanza gozosa a Dios. Ambos convocan para que “una nueva canción” sea cantada al Creador y ambos pintan un cuadro de toda la creación de Dios viviendo en armonía. Entonces, ¿En qué son diferentes los dos salmos? ¿Qué quiso el salmista añadir en este salmo que no había mencionado ya?

La respuesta es que el Salmo 96 se desarrolla en el Templo Sagrado, mientras que el Salmo 98 nos habla dondequiera que estemos. El Salmo 96 nos anima a la alabanza diciendo: “lleven ofrendas y entren en sus atrios” (Salmos 96:8, NTV). Se nos pide alabar a Dios llevando ofrendas especiales, de las que se usaban durante la época del Templo. Pero el Salmo 98 nos invita a alabar a Dios en cualquier forma que podamos, dondequiera que estemos. El Salmo 98 menciona una variedad de instrumentos: el arpa, la trompeta, el cuerno de carnero e incluso nuestras voces. El mensaje de este salmo es que siempre podemos encontrar la manera de hacer música para el Señor; sólo tenemos que utilizar los instrumentos que estén disponibles.

Los dos salmos también describen dos situaciones de vida muy diferentes. En el Salmo 96, estamos viviendo nuestra vida ideal, o una vida muy cercana a lo ideal. Somos capaces de alabar a Dios y sentir una abrumadora sensación de gratitud. Tenemos los medios a nuestra disposición para contribuir a los propósitos de Dios. Tenemos mucho dinero para compartir con los que no tienen, abundancia de comida para alimentar al hambriento, y energía y tiempo suficientes para ser voluntarios en cualquier causa que valga la pena.

Al igual que el Templo Sagrado, que una vez existió y será reconstruido en los tiempos mesiánicos, esta vida perfecta es una bendición extraordinaria; pero también es difícil de conseguir. Para la mayoría de nosotros, es algo por lo que nos esforzamos, pero que aún no hemos alcanzado.

Así que el Salmo 98 se nos ofrece como un mensaje alentador: Usted no necesita estar en el Templo Sagrado, usted no tiene que estar viviendo en condiciones perfectas para alabar a Dios y contribuir a su causa. Usted puede hacer música para Dios con cualquier instrumento que tenga en sus manos. ¿Es usted gracioso? Lleve alegría a la gente con su humor. ¿Es usted un artista gráfico talentoso? Comparta sus talentos con su iglesia u otra institución respetable. ¿Puede enseñar la Palabra de Dios? ¿Puede compartir algún dinero con amor? Todo el mundo tiene algún tipo de instrumento para tocar, incluso si es simplemente un oído que escucha o un abrazo que consuela.

¡Encuentre su instrumento, toque bien y glorifique a su Dios!