Haga el esfuerzo

Luego Jacob envió mensajeros a su hermano Esaú, que estaba en la tierra de Seír, en la región de Edom. — Génesis 32:3

La porción de la Torá de esta semana, Vaishlaj, es de Génesis 32:3-36:43 y de Abdías 1:1-21.

Cuando Jacob tuvo claro que iba a encontrarse cara a cara con su hermano Esaú –el hombre que lo quería matar tan sólo unas décadas atrás– se preparó. El encuentro podría haber resultado de una manera u otra. Esaú podría haber abrazado a su hermano con amor y perdón, o podría haber aprovechado la oportunidad para finalmente vengarse.

Jacob hizo tres cosas para prepararse para aquel último escenario. Envió a Esaú un espléndido soborno, oró y preparó a su familia para la guerra. Así es como la porción de la Torá de esta semana obtuvo su nombre; se llama Vaishlaj, “y envió.” La porción se llama así por los esfuerzos que Jacob hizo para garantizar la seguridad de su familia y su regreso exitoso a la Tierra Prometida.

Los eruditos preguntan: ¿No era suficiente que Jacob sólo orara? De hecho, tal vez las oraciones no eran ni siquiera necesarias; ¡Jacob ya tenía una promesa de Dios! Cuando Jacob salió de Canaán, Dios le dijo: “Date cuenta de que yo estoy contigo. Yo te protegeré por dondequiera que vayas, y volveré a traerte a esta tierra. No te dejaré ni un momento, hasta que haya hecho lo que te he dicho” (Génesis 28:15, RVC). Jacob tenía la promesa de Dios de que sería protegido y devuelto a su tierra. ¿Dónde estaba su fe, entonces, en ese momento?

La tradición judía enseña que la renta disponible anual de una persona se decide en Rosh Hashaná, el Año Nuevo judío; pero viene con una advertencia: no piense que puede quedarse sentado durante los próximos 364 días, no hacer nada y el dinero tan sólo aparecerá. Dios proveerá, siempre y cuando hagamos el esfuerzo.

Los eruditos lo explican de esta manera: Imagine que alguien quiere transferirle una gran suma de dinero, ¡pero sólo puede hacerlo si usted tiene una cuenta bancaria! El dinero está ahí, pero tenemos que realizar la acción de abrir una cuenta bancaria para poder recibirlo. Del mismo modo, Dios tiene muchas bendiciones reservadas para nosotros, pero tenemos que actuar con el fin de recibirlas. Jacob tenía una fe inquebrantable en que Dios no le fallaría; pero también entendió que le correspondía a él abrir la puerta para recibir la provisión de Dios.

Dios ayuda a quienes se ayudan a sí mismos, dice el refrán. Sin embargo, a veces no somos capaces de hacer el esfuerzo para ayudarnos a nosotros mismos, no porque seamos perezosos, sino porque nos sentimos inadecuados. A veces, la montaña ante nosotros parece demasiado empinada para subirla, por eso dudamos en dar el primer paso. Pero la porción de la Torá de esta semana se trata de dar ese primer paso de todos modos y tener fe; en ese orden.

¿Qué desafío enfrenta hoy? Tenga fe en que Dios le ayudará. Pero en primer lugar, haga el esfuerzo por ayudarse a usted mismo. ¡Dios se hará cargo de lo demás!