Hacer que perdure

Que les dijera a los israelitas: “El día quince del mes séptimo comienza la fiesta de las Enramadas en honor al Señor, la cual durará siete días.” – Levítico 23:34

Nota a nuestros lectores: Esta semana marca la celebración de Sucot, una de las festividades más alegres del calendario judío. A lo largo de esta semana, nuestras reflexiones se relacionarán con esta fiesta establecida en la Biblia. Dado que algunos de los días asociados a esta celebración son días en los que no se trabaja, estas reflexiones se han preparado con antelación para usted.

Esta semana se celebra la Fiesta de los Tabernáculos. Sin embargo, para comprender plenamente el significado de esta festividad, hay que fijarse en donde comienza realmente: al finalizar Iom Kipur, cinco días antes. Momentos después de que los judíos rompen su ayuno de 25 horas, se escucha el sonido del martilleo en todo Israel, ya que la gente comienza a construir las pequeñas chozas conocidas como Sucot. ¿Por qué la construcción no puede esperar hasta el día siguiente, después de que hayan tenido tiempo de digerir la comida?

Examinemos cómo termina Iom Kipur. A medida que el Día de la Expiación llega a su fin, la congregación recita siete veces en voz alta: “¡El Señor, él es Dios!” Estas pocas palabras resumen toda la temporada de festividades. El objetivo es saber con toda certeza que Dios es nuestro Señor, que él está presente en nuestra vida y que debemos servirle. Después de repetir este mensaje por última vez, sonamos, también por última vez, el shofar. De esta manera dramática y conmovedora, finalizan los días más sagrados del año.

Las palabras que recitamos siete veces pueden parecer conocidas, pues se han tomado de 1 Reyes, justo después de que el profeta Elías derrotara a los falsos profetas en el monte Carmelo. Luego de presenciar la increíble demostración de Elías de que el suyo era el único Dios verdadero, la gente se inclinó sobre sus rostros y proclamó: “¡El Señor, él es Dios!” (1 Reyes 18:39). Para ellos, todo estaba muy claro. El pueblo una vez más estaba alineado con el Señor Todopoderoso.

Pero al día siguiente, la nación volvió a sus malos caminos. Elías el profeta se vio obligado a huir para salvarse la vida, porque el pueblo otra vez había dado su lealtad al rey Acab y sus caminos idólatras. Todo el reino había salido a matar a Elías. La claridad espiritual del pueblo fue momentánea y su fugaz inspiración se había desvanecido; el pueblo estaba igual de perdido y equivocado que antes.

Los Días Más Sagrados son una fuente de inspiración y educación. Terminamos en un clímax espiritual y es correcto que se concluya con las mismas palabras proclamadas por el pueblo en la época de Elías. Ciertamente compartimos su claridad, pero queremos evitar su error. Tan pronto como terminan las festividades, convertimos nuestros sentimientos en acción. Levantamos el martillo y creamos algo que nos recuerda a Dios. Este es el regalo de Sucot: transformar nuestros sentimientos en algo real.

Los eruditos enseñan que nuestras buenas intenciones se fortalecen con la acción. La inspiración es agradable, pero el verdadero crecimiento espiritual requiere acción. La inspiración nos pone en marcha, pero la acción hace que perdure.