Hacer de la inspiración algo real

“Los israelitas llegaron al desierto de Sinaí a los tres meses de haber salido de Egipto”. (Éxodo 19:1, NVI)

La porción de la Torá de esta semana, Nasó, es de Números 4:21 – 7:89, conjuntamente con la lectura especial de la Torá para Shavuot, Éxodo 19:1 – 20:23 y Deuteronomio 14:22 – 16:17.

Cuando se va al cine en Israel, casi es posible olvidar dónde uno está. Los cómodos asientos, las palomitas y los refrescos… todo se siente como un buen cine en cualquier otra parte del mundo, excepto por una cosa: justo cuando la trama se pone buena, siempre se hace un intermedio. ¡Hay que esperar diez minutos para descubrir lo que sucede después!

La historia del Éxodo es casi igual; hay un intermedio durante la trama. Los israelitas salieron de Egipto, cruzaron el Mar Rojo, cantaron una alegre canción… ¿y luego qué?

Parecería que ese era el momento perfecto para concluir la trama con la entrega de la Torá en el Monte Sinaí. Pero eso no fue lo que pasó. No fue sino hasta cuarenta y nueve días después ––siete semanas–– que aquel evento ocurrió en el Sinaí. Es por eso que celebramos Shavuot, la entrega de la Torá, cuarenta y nueve días después de la Pascua. ¿Por qué el atraso?

Piense en el momento más inspirador de su vida. ¿Fue una boda? ¿Un nacimiento? ¿Una magnífica puesta de sol? Los momentos de inspiración son poderosos y generan motivación. Pero lo más importante es lo que sucede después de que la inspiración se desvanece. Una boda, no importa lo hermosa que sea, no hace un buen matrimonio; el trabajo duro y el cuidado constante es lo que hacen que un matrimonio sea bueno. Un nacimiento no garantiza buenos hijos; de nuevo, se requiere trabajo y una crianza coherente. Y así sucesivamente, con todos y cada uno de los momentos de inspiración, sólo son tan significativos como los pasos concretos que inspiran después. La transpiración debe seguir a la inspiración para que esta llegue a ser real.

Los sabios judíos enseñan que esa es la razón por la que Dios escogió dejar un espacio de tiempo entre el Éxodo y la entrega de su Palabra. El Éxodo fue una inspiración. ¡Los eruditos señalan que incluso el más humilde de los israelitas vio visiones y milagros mayores que el gran profeta Ezequiel! Fue una experiencia increíble de Dios, ¡que ninguna nación entera verá de nuevo jamás! Pero eso no hizo a los israelitas dignos de la Torá. Para eso tenían que trabajar; tenían que soportar cuarenta y nueve días en el desierto. Cuarenta y nueve días que no fueron tan inspiradores. Cuarenta y nueve días para tomar la inspiración del Éxodo y hacerla real, con trabajo duro, fe y obediencia. Sólo entonces estarían listos para recibir a Dios.

Todos nos inspiramos de vez en cuando, pero la lección de los israelitas en el desierto es perseverar durante los tiempos más mundanos de la vida. Tenemos que tomar la inspiración y hacerla real, de modo que se convierta en una parte duradera de lo que somos y de cómo vivimos.

Desafío: Realice hoy un acto de bondad que normalmente no haría. ¡Convierte su amor por Dios en algo real!