Hablar de forma responsable

El Señor le ordenó a Moisés que les dijera a los sacerdotes, hijos de Aarón: “No se contaminen tocando el cadáver de alguien de su pueblo . . . ” — Levítico 21:1

La porción de la Torá de esta semana, Emor, es de Levítico 21:1—24:23 y la Haftará es de Ezequiel 44:15–31.

Los niños dicen las cosas más divertidas. De hecho, hay programas de televisión cuyo entretenimiento proviene simplemente de hablar con niños y difundir sus respuestas chistosas. Ya sea que se trate de una respuesta brutalmente honesta o un ingenuo malentendido, los niños dicen cosas que nos hacen reír. Pero cuidado: entre las cosas divertidas que los niños dicen, hay citas directas que escuchan de los adultos con los que interactúan.

Si bien puede ser entretenido escuchar a un niño de cinco años hablar como una persona de cincuenta, a veces las cosas que dicen no son tan chistosas. En ocasiones, cuando un niño repite lo que escuchó decir a un adulto, los resultados son embarazosos o aterradores. Ya sea que se trate de una mala palabra o una opinión prejuiciosa, a veces las peores cosas que los adultos dicen terminan en boca de los mejores niños.

La porción de la Torá de esta semana dice: “Habla con los sacerdotes hijos de Aarón, y diles . . .” (Levítico 21:1, RVC). Los eruditos notan que este versículo parece redundante. Podría sólo decir: “Diles a los sacerdotes . . .” ¿Por qué “habla” y “diles”?

Los eruditos explican que hay un doble mensaje en estas palabras. El primer mensaje es que Moisés debe hablar a los sacerdotes. El segundo mensaje es que los sacerdotes deben tener cuidado con lo que le dicen a sus hijos. El título de la porción de la Torá de esta semana es Emor, que significa “habla.” Tenemos que ser muy cuidadosos con lo que decimos, sobre todo cuando se trata de nuestros hijos. Las palabras que nosotros decimos hoy serán las palabras que ellos hablarán mañana.

La mente de los niños es diferente a la mente de los adultos. Los niños absorben más fácilmente todo lo que está a su alrededor, especialmente las palabras. Esa es la razón por la que los niños son mejores aprendiendo idiomas que los adultos. Cuando un niño de cinco años se muda a Israel desde cualquier lugar del mundo, comienza a hablar como israelí en unos pocos meses. Pero un adulto en la misma situación, ¡no sonará como israelí incluso después de que hayan pasado años! Los niños son creados con la habilidad de integrar lo que escuchan a su alrededor. ¡Esto significa que todo lo que decimos delante de un niño tiene más influencia de lo que jamás nos podríamos imaginar!

Cada vez que hablamos con niños, tenemos un poder increíble sobre lo que van a decir y creer por el resto de su vida. Además, los niños están escuchando aun cuando no nos damos cuenta, por ejemplo cuando conducimos nuestro automóvil o conversamos con nuestro cónyuge. Si utilizamos palabras llenas de odio, desesperanza e intolerancia, eso es lo que nuestros hijos van a aprender. Pero si elegimos palabras llenas de amor, fe y comprensión, podemos estar seguros de que esas palabras tendrán eco en el futuro. Así que hablemos de manera responsable, por el bien de nuestros hijos.