¡Feliz, pase lo que pase!

. . . adoren al Señor con regocijo.
Preséntense ante él
con cánticos de júbilo. — Salmo 100:2

Todo el mundo busca la felicidad. Como dijo una vez Benjamín Franklin: “La Constitución de los Estados Unidos no garantiza la felicidad, sólo el derecho de buscarla. ¡Cada persona debe conquistarla para sí misma!”. Pero para la mayoría de las personas, la felicidad es escurridiza. Decimos: “Seré feliz cuando . . .”. Llene el espacio con: cuando tenga más dinero, cuando llegue ese ascenso, cuando me case, cuando tenga hijos, cuando los niños se vayan de casa, cuando me jubile, y así sucesivamente. No es de extrañar que tantas personas sientan que simplemente no pueden alcanzar la felicidad.

En el Salmo 100, sin embargo, el rey David nos revela un pequeño secreto acerca de la felicidad. David escribió: “adoren al Señor con regocijo . . . ”. Los eruditos lo entienden de esta manera: si quiere ser feliz, adore al Señor.

Pocas cosas nos traen mayor alegría que servir a nuestro Creador. Cuando estamos sirviendo a Dios, estamos enfocados en lo que podemos dar y no en lo que nos falta. Nos centramos en lo que es bueno en nuestras vidas y no en lo que está mal. Cuando contribuimos al mundo de Dios, nos sentimos bien en cuanto a quiénes somos, en lugar de sentirnos molestos por lo que podríamos o deberíamos haber sido. Cuando llevamos alegría a los demás, ¡no podemos evitar iluminarnos de alegría nosotros mismos!

Lo que es más, servir al Señor es algo que podemos hacer en cualquier momento, en cualquier lugar y en cualquier circunstancia. En tiempos de abundancia, podemos dar. En tiempos de escasez, podemos tener fe. Cuando las cosas son fáciles, podemos cantar alabanzas a Dios y cuando los tiempos son difíciles, podemos clamar a él en oración. En nuestras casas o en nuestros lugares de trabajo, siempre hay alguien a quien ayudar o a quien compartirle la Palabra de Dios. Las posibilidades son infinitas.

Siempre podemos adorar a Dios, lo que significa que siempre podemos ser felices, ¡pase lo que pase! No tenemos que buscar la felicidad, ¡sólo tenemos que dejar de huir de ella y servir al Señor hoy mismo!

Pruebe este antiguo consejo y piense cómo puede servir al Señor hoy. ¿Cómo puede adorarlo durante todo el día? Dedique un día, o mejor aún una semana, para dar de usted mismo a Dios, a sus hijos y a su mundo. ¡Estará feliz de haberlo hecho!