Escoger la libertad

Si el esclavo llega a declarar: “Yo no quiero recobrar mi libertad, pues les tengo cariño a mi amo, a mi mujer y a mis hijos’, el amo lo hará comparecer ante los jueces, luego lo llevará a una puerta, o al marco de una puerta, y allí le horadará la oreja con un punzón. Así el esclavo se quedará de por vida con su amo.” — Éxodo 21:5-6

La porción de la Torá de esta semana, Mishpatim, es de Éxodo 21:1 – 24:18 y de Jeremías 34:8 – 34:22.

La porción de la Torá comienza con una larga lista de leyes, la primera de las cuales abarca la servidumbre. Estas reglas obligaban a cualquiera que comprara un esclavo hebreo a dejarlo ir libre después de seis años. Si el esclavo se negaba a irse, entonces el amo tenía que hacerle un agujero en la oreja al siervo, perforándosela al lado de un dintel de la puerta.

Los eruditos destacan la ironía: los israelitas acababan de ser liberados de la esclavitud, y ahora la primera ley enumerada era acerca de convertirse en esclavos de nuevo. También se preguntan por qué se distinguió la oreja de todas las otras partes del cuerpo, para ser el lugar donde el esclavo hebreo era “castigado”. ¿Cuál era el sentido de hacer eso?

Los eruditos explican la perforación de la oreja de la siguiente manera. Dios dice: “El oído escuchó mi voz en el Monte Sinaí cuando proclamé que ‘los israelitas son mis siervos. Yo los saqué de Egipto. Yo soy el Señor su Dios’” (Levítico 25:55). Sin embargo, aquel hombre se ha conseguido un amo para sí mismo. ¡Que su oreja sea horadada!”.

Dios había dado a los hijos de Israel su libertad y les explicó que ya no serían siervos de ningún hombre, sólo siervos de Dios. Pero el esclavo que decidió permanecer esclavo se resistió al regalo de Dios y no apreció su libertad. Sus oídos escucharon las palabras de Dios, pero él optó por hacer caso omiso. Por esa razón es que se perfora la oreja.

Es difícil entender por qué alguien estaría dispuesto a renunciar a su libertad; sin embargo, la Biblia nos enseña que una vida de esclavitud puede ser tentadora. Cuando alguien se vuelve esclavo, se le dice qué hacer, cuándo hacerlo, qué comer, cuándo dormir, etc.

Hay cierto confort en la servidumbre. No hay necesidad de correr riesgos o tomar decisiones. La libertad es un don, pero también viene con responsabilidades. Para algunas personas, simplemente es más fácil seguir siendo esclavas que salir a la inmensidad del mundo de la libertad.

A veces, caemos en esa misma trampa. Lo decimos de esta manera: “Si tan sólo (llene el espacio) fuera diferente, entonces yo sería diferente.” Pero Dios dice que tenemos la libertad de ser quienes queramos ser. ¡No somos esclavos de nadie ni de nada más que de Dios! Podemos elegir una vida de esclavitud creyendo que tenemos que hacer ciertas cosas o buscar un camino determinado. Podemos hacer excusas de por qué no podemos hacer esto o aquello.  Pero Dios quiere que seamos libres. Él quiere que sepamos que sólo él es nuestro amo y que tenemos la libertad de convertirnos en quienquiera que escojamos.

¿Qué clase de persona le gustaría ser? ¡Ejercite su libertad y sea esa persona ahora mismo!