Encuentros cercanos

Entonces Judá se acercó a José para decirle: “Mi señor, no se enoje usted conmigo, pero le ruego que me permita hablarle en privado. Para mí, usted es tan importante como el faraón.” — Génesis 44:18

La porción de la Torá de esta semana, Vaigash, es de Génesis 44:18 – 47:27 y de Ezequiel 37:15 – 28.

La lectura de la Torá de la semana pasada terminó en suspenso. Después de suplicarle a Jacob que enviara a su hijo menor a Egipto y prometerle que lo traerían a casa sano y salvo, parecía que los hijos de Jacob habían fracasado. A los hermanos les habían tendido una trampa y Benjamín fue incriminado falsamente. La copa de plata de José fue encontrada en el costal de Benjamín y se presumió que había sido robada. José declaró su intención de mantener a Benjamín en Egipto como castigo y los hermanos estaban desconcertados.

La porción de la Torá de esta semana comienza con lo que sucedió a continuación: “Entonces Judá se acercó a José . . . ” Judá, quien asumió la responsabilidad de regresar a Benjamín a Jacob, sano y salvo, no aceptaría la sentencia de José. Judá se acercó a José para pedir misericordia. Así es como esta selección obtiene su nombre: Vaigash, “y se acercó”.

A partir de esta primera confrontación entre Judá y José, la porción trata de varios encuentros más. Muchos cabos sueltos se atan a medida que diferentes personas tienen sus encuentros. Poco después de que Judá expuso su caso de forma desafiante ante el hombre que pensaba era de la realeza egipcia, José reveló su verdadera identidad a sus hermanos. La saga de 22 años llegó a su fin cuando los hermanos se volvieron a encontrar e hicieron las paces.

A aquella reunión le siguió el igualmente dramático encuentro entre Jacob y José, cuando el propio Jacob viajó a Egipto. Hacia el final de la selección, el Faraón se encuentra con Jacob y sus hijos. Fue una reunión entre dos líderes poderosos y sentó las bases para la larga estadía que los hijos de Israel pasarían en la tierra del Faraón.

En el libro de Eclesiastés, el rey Salomón nos enseña que hay un tiempo para todo. Entre los “tiempos” que enumera Salomón, escribió que hay “tiempo de rasgar y tiempo de coser, tiempo de callar y tiempo de hablar” (Eclesiastés 3:7, RVR1995). Mientras que otras Escrituras nos enseñan de la importancia de separarnos de los demás o dejar de hablar, esta selección enseña que también hay un tiempo para hablar y un tiempo para juntarnos. Era el momento de que Judá hablara en nombre de su hermano, sin importar las consecuencias. Era el momento para que José revelara su verdadera identidad. Era tiempo para sanar las viejas heridas y reparar los corazones quebrantados. Había llegado el momento.

Los enfrentamientos no siempre son agradables, por lo que tendemos a evitarlos. Pero hay un tiempo para todo y, a veces, tenemos que hacer lo que se debe hacer. Si hay un enfrentamiento que usted ha estado evitando, tal vez debería aprovechar esta semana para pensar mejor las cosas. Aunque es difícil al principio, hablar y juntarse –en el momento apropiado– puede conducir a la sanación y la paz.