Encubrir

El Señor le ordenó a Moisés que les dijera a Aarón y a sus hijos: “Esta es la ley respecto al sacrificio expiatorio: La víctima deberá ser degollada ante el Señor, en el mismo lugar donde se degüellan los animales para el holocausto. Es algo sumamente sagrado.” — Levítico 6:24–25

La porción de la Torá de esta semana, Tzav, es de Levítico 6:8–8:36 y la Haftará es de Jeremías 7:21–23.

Si alguna vez ha visto una foto de una mesa de Shabbat, se habrá dado cuenta que entre el vino y las velas hay un pan especial llamado jalá. Es posible que también haya notado que la jalá siempre está cubierta por una tela bonita. ¿Se ha preguntado por qué?

Una de las razones que se da es para que la jalá no sea “avergonzada.” Hay que entender que el judaísmo establece una jerarquía a la hora de bendecir nuestra comida. En general, bendecimos el pan antes del vino, pero en el Shabbat, bendecimos el vino primero. Ya que la jalá podría sentirse avergonzada al ser dejado a un lado a causa del vino, la cubrimos de manera que no “vea” lo que está sucediendo.

Como cualquier niño que alguna vez haya oído esta explicación, usted probablemente está pensando: “¡Vamos rabino! ¡Todo el mundo sabe que el pan no tiene sentimientos!” Y usted tiene razón. Sin embargo, la gente sí tiene sentimientos. Los eruditos consideraban que ser sensible a los sentimientos de la gente era tan importante que esa sensibilidad se extendía a otras cosas también.

La idea es que una persona que es sensible a los sentimientos de una hogaza de pan, sin duda será considerada cuando habla acerca de la persona que lo preparó. Al sentamos a la cena del Shabbat, comenzamos por recordar lo importante que es hablar acerca de los que comparten la comida con nosotros con sensibilidad, consideración y amabilidad.

En la lectura de la Torá de Tzav, se nos ordena, con respecto al sacrificio expiatorio, que: “La víctima deberá ser degollada ante el SEÑOR, en el mismo lugar donde se degüellan los animales para el holocausto.” Por sensibilidad a los pecadores, Dios ordenó que su ofrenda se preparara en el mismo lugar que el holocausto. De esa manera, nadie sabría quién había pecado y quién simplemente estaba ofreciendo holocausto. Dios hace todo lo posible para asegurarse de que nadie se avergüence, ¡y así también debemos hacerlo nosotros!

Los eruditos enseñan que avergonzar a alguien en público es similar al asesinato. Así de serio tomamos la sensibilidad hacia los demás. Cuando alguien se siente avergonzado, él o ella pierde el respeto propio y eso es casi tan grave como perder la vida. A veces, es fácil olvidar lo importante que es tener cuidado con los sentimientos de los demás. Podríamos estar “sólo bromeando” o del todo no estar pensando. Pero las Escrituras nos dicen que tenemos que ser conscientes de los sentimientos de otras personas todo el tiempo.

Del mismo modo que cubrimos nuestro pan cada viernes por la noche para el Shabbat, también tenemos que proteger a nuestros hermanos y hermanas todos los días. Debemos protegerlos de cualquier vergüenza o bochorno y vestirlos con hermosas palabras de aliento, elogios y amor.