Encontrarse a medio camino

Ésta es la ley que se aplicará para declarar pura a una persona infectada. Será presentada ante el sacerdote, quien la examinará fuera del campamento. Si el sacerdote comprueba que la persona infectada se ha sanado de su enfermedad . . .” — Levítico 14:2–3

La porción de la Torá de esta semana es una doble lectura, Tazría-Metzorá, de Levítico 12:1–15:33 y la Haftará es de 2 Reyes 7:3–20.

En los primeros versículos del capítulo 14 de Levítico, leemos del proceso de sanación de un enfermo a quien se le ha obligado a vivir aislado hasta que se cure completamente. El versículo dos comienza a describir el procedimiento de limpieza cuando la persona enferma “será presentada ante el sacerdote.” Sin embargo, el versículo tres comienza con: “[El sacerdote] la examinará fuera del campamento . . .” ¿Ve usted la contradicción? ¿Cuál de las dos acciones es la correcta? ¿La persona enferma va al sacerdote o el sacerdote va a la persona afectada?

La respuesta es que son ambas cosas.

En el libro de Lamentaciones se encuentra una contradicción similar: “¡Restáuranos, Señor, y nos volveremos a ti!” (5:21, RVC). ¿Le estamos pidiendo a Dios que nos restaure a él, cambiándonos desde el interior para que el arrepentimiento nos sea fácil y natural? O, ¿estamos diciendo que nos vamos a volver a Dios por nuestra cuenta, no importa lo difícil que sea?

De nuevo, la respuesta es que ambas proposiciones son ciertas. Por un lado, pedimos que Dios nos ayude a regresar a él, y por el otro, nos comprometemos a hacer el esfuerzo de arrepentirnos por nuestra cuenta. En el caso de la persona enferma, el que padece va hacia el sacerdote y el sacerdote también sale al encuentro del enfermo; es decir, se encuentran a medio camino.

El mensaje en ambas situaciones es el mismo: cuando buscamos curar nuestras almas, no tenemos por qué hacerlo solos. Sí, hay que esforzarse y hacer lo mejor posible, pero también recibiremos mucha ayuda espiritual a lo largo del camino.

A veces nos sentimos tan abrumados por nuestras deficiencias y errores del pasado que nos sentimos atrapados, incapaces de acercarnos a Dios. De todos modos, ¿cómo podemos comenzar ese camino que parece tan largo y tan difícil y cuyo destino probablemente nunca lleguemos a alcanzar?

Martin Luther King Jr. dijo una vez: “Súbete al primer escalón por fe. No es necesario ver la escalera completa, sólo subir a ese primer escalón.” Estas palabras son ciertas en muchas situaciones y son especialmente útiles cuando damos el primer paso hacia el arrepentimiento. No tenemos que saber cómo vamos a alcanzar el éxito ni cuándo, y tampoco nos tiene que preocupar hasta dónde tendremos que subir. Porque como hemos aprendido en la porción de la Torá de esta semana, Dios nos ayudará a alcanzar la cima. Tenemos que subir esos primeros escalones y dirigirnos en la dirección correcta, pero Dios vendrá a encontrarnos a mitad de camino.