Encender un alma

Dile a Aarón: “Cuando instales las siete lámparas, éstas deberán alumbrar hacia la parte delantera del candelabro.” — Números 8:2

La porción de la Torá de esta semana, Behaalotejá, es de Números 8:1–12:16 y la Haftará es de Zacarías 2:14– 4:7.

Los sabios enseñan que sólo hay dos tipos de personas a las que no les importa que las superen: los padres y los maestros. Cuando el éxito de un niño es mayor que el de sus padres, a ellos les da alegría. Cuando un estudiante sobrepasa a su maestro, el maestro se siente orgulloso. El objetivo de toda educación es enseñar a las personas cómo tener éxito por sí solos, sin la ayuda de un maestro. En el mejor de los escenarios, el educador es capaz de darles a los estudiantes las herramientas que necesitan, no sólo para que se valgan por sí mismos, sino para que lleguen muy lejos en el camino del éxito, incluso más allá que su mentor.

La porción de la Torá de esta semana se llama Behaalotejá. La interpretación judía de esta palabra es “cuando enciendas”, y se utiliza en el segundo versículo de la lectura, cuando Dios le ordena a Aarón (a través de Moisés) que encienda las lámparas del Tabernáculo. No obstante, los eruditos señalan que la palabra Behaalotejá literalmente significa “cuando levantas.” En lugar de utilizar una palabra cuyo significado sea “cuando enciendas”, la Escritura opta por una que significa “cuando levantas.”

Los eruditos enseñan que la lección en la escogencia de esta palabra es que cuando el sacerdote iba a encender cada una de las lámparas, no podía sólo poner en contacto la mecha con la llama y pasar a la siguiente lámpara. El sacerdote tenía que mantener la llama en contacto con la mecha hasta que la llama se “levantara”, es decir, hasta que la llama de la lámpara hubiese prendido fuego completamente y estuviera ardiendo y brillando con intensidad, por su cuenta.

Los eruditos explican que esta lección también es un paradigma para la educación. Si estamos enseñando a nuestros hijos, estudiantes o compañeros, tenemos que apoyarlos y permanecer con ellos hasta que sean lo suficientemente fuertes como para valerse por sí mismos.

Un buen maestro no sólo enseña a sus alumnos qué hacer; también les enseña cómo pensar. Un buen padre no sólo establece reglas; les enseña a sus hijos a tomar buenas decisiones. Un buen amigo no sólo ofrece consejo; apoya a su amigo hasta que sea lo suficientemente fuerte como para poner en práctica esos consejos. Un líder espiritual efectivo no sólo da un sermón; cuida y apoya a sus feligreses, y les ofrece calidez y aliento hasta que se sientan capaces de valerse por sí mismos.

Esa es la manera de encender un alma. Se necesita tiempo, paciencia, amor y comprensión. Aquel trabajo antes les correspondió a los sacerdotes; ahora nos corresponde a cada uno de nosotros. Cada uno de nosotros es una llama, y tenemos el deber de encender otras almas.