En el momento adecuado

Al ver los israelitas que Moisés tardaba en bajar del monte, fueron a reunirse con Aarón y le dijeron: “Tienes que hacernos dioses que marchen al frente de nosotros, porque a ese Moisés que nos sacó de Egipto, ¡no sabemos qué pudo haberle pasado!” — Éxodo 32:1

La porción de la Torá de esta semana, Ki Tisá, es de Éxodo 30:11–34:35 y de 1 de Reyes 18:1–39.

¿Cómo es posible que acabando de presenciar los grandes milagros del éxodo, los hijos de Israel se volvieran a la idolatría? En la Canción del Mar, los israelitas habían exclamado: “Él es mi Dios, y lo alabaré” (Éxodo 15:2), y después de una experiencia como esta, ¿construyen el becerro de oro?

La razón de este dramático giro se explica en Éxodo 32:1: “Al ver los israelitas que Moisés tardaba en bajar del monte, fueron a reunirse con Aarón y le dijeron: ‘Tienes que hacernos dioses que marchen al frente de nosotros . . . ’” Los eruditos explican que los israelitas cometieron un pequeño error de cálculo en los 40 días y 40 noches que Moisés estaría en el monte Sinaí, y cuando no regresó a la hora que se suponía que volviera, entraron en pánico y perdieron la fe.

La palabra hebrea usada en el versículo para decir que Moisés se había tardado es “boshesh.” La palabra “shesh” significa “seis.” A partir de esto, los eruditos han encontrado que Moisés se retrasó tan sólo seis horas en bajar de la montaña. Si los israelitas hubiesen esperado pacientemente tan sólo seis horas, todo aquel horrible asunto podría haberse evitado.

El tema de tener paciencia, esperar y confiar en el tiempo de Dios, es recurrente a lo largo de las Escrituras. Es por eso que muchos rabinos señalan esta área como uno de los principales retos que debemos superar, con el fin de perfeccionar el mundo y marcar el comienzo de la era mesiánica. Como judíos, se nos recuerda practicar la paciencia cada día. Nosotros decimos: “Yo creo con toda mi fe en la venida del Mesías, y aunque puede que se tarde, ¡le esperaré todos los días!”

A nuestra manera individual, todos podemos practicar paciencia y confianza todos los días. En la vida, hay dos tipos de tiempo: “mi tiempo” y “el tiempo divino.” Mi tiempo es cuando yo creo que las cosas deben suceder. El tiempo divino es el momento perfecto para que las cosas sucedan. Cuando ajustemos nuestros relojes al tiempo divino en lugar de a mi tiempo, habremos reparado una gran brecha entre el hombre y Dios, y viviremos con mayor paz, claridad y cercanía a él.