El secreto de la inmortalidad

“’Tú, Jacob, siervo mío, no temas, porque yo estoy contigo’, afirma el Señor. ‘Aunque aniquile a todas las naciones por las que te he dispersado, a ti no te aniquilaré. Te corregiré con justicia, pero no te dejaré sin castigo’”. (Jeremías 46:28, NVI)

La porción de la Torá de esta semana, Bo, es de Éxodo 10:1 – 13:16 y de Jeremías 46:13-28.

Del mismo modo que la porción de la Torá continúa con la descripción de la caída de Egipto, la Haftará describe otro momento de la historia cuando Egipto fue castigado de nuevo. Esta vez, fueron castigados por hacer la guerra contra Israel. El profeta Jeremías profetizó que Egipto no tardaría en caer en manos de Babilonia y que su pueblo sería exiliado allí.

Él les dijo: “Tú, que habitas en Egipto, prepara tu equipaje para el exilio” (Jeremías 46:19, NVI) y “¡A sus puestos! ¡Manténganse alerta! ¡La espada devora a su alrededor!” (Jeremías 46:14, NVI). Egipto se dirigía hacia el desastre.

Poco sirvió todo eso para consolar al pueblo de Israel, ya que estaban sentenciados al mismo destino, pues se les había advertido que serían capturados por los babilonios. Ellos también habían pecado y merecían el castigo. Cuando el pueblo de Israel escuchó las palabras de Jeremías, no se consolaron, ¡tuvieron miedo!

Esa es la razón por la que el profeta termina con palabras de consuelo de Dios para Israel: “No temas (…) Aunque aniquile a todas las naciones por las que te he dispersado, a ti no te aniquilaré”. Esta es la promesa eterna de Dios para con el pueblo judío: él nunca los destruirá por completo.

Y a pesar de que la lógica y todas las estadísticas dicen que una pequeña nación que ha sido expulsada de su propio país en dos ocasiones y ha sido perseguida durante siglos ya no debería existir, la nación de Israel sigue viva. Según muchos teólogos, el mismo hecho de que la nación de Israel existe hoy en día es una prueba suficiente de Dios y la veracidad de la Biblia.

En 1899, Mark Twain escribió:

“Los egipcios, los babilonios y los persas se elevaron, llenaron el planeta con sonido y  esplendor, después se adormecieron y desaparecieron; les siguieron los griegos y los romanos, quienes hicieron mucho ruido y se fueron; otros pueblos han surgido y mantenido su antorcha  en alto por un tiempo, pero ésta se quemó y ahora se encuentran en la penumbra o han desaparecido. El judío los vio a todos, los venció a todos y es hoy tal como siempre ha sido; sin exhibir ninguna decadencia, ninguna enfermedad a causa de la edad, ninguna debilidad  de sus miembros, ninguna disminución de sus energías, ningún decaer de su mente agresiva y alerta. Todas las cosas son mortales menos el judío; todas las otras fuerzas pasan, pero él permanece. ¿Cuál es el secreto de su inmortalidad?

La fuente de la inmortalidad judía no es ningún secreto para los creyentes. Es Dios Todopoderoso. Él dice: “¡El faraón es puro ruido!” (Jeremías 46:17, NVI), pero Israel es para siempre.

Al mirar el milagro moderno de la nación de Israel, recordemos que Dios cumple todas sus promesas y también celebremos el cumplimiento de todas ellas.