El pueblo del Libro

Jacob mandó a Judá que se adelantara para que le anunciara a José su llegada y éste lo recibiera en Gosén. Cuando llegaron a esa región . . . — Génesis 46:28

La porción de la Torá de esta semana, Vaigash, es de Génesis 44:18 – 47:27 y de Ezequiel 37:15 – 28.

Hay un viejo chiste que plantea la pregunta: ¿Por qué Moisés y los israelitas vagaron por el desierto durante 40 años, cuando la distancia real entre Egipto y la Tierra Prometida era muy corta? La respuesta: ¡Porque los hombres se niegan a pedir direcciones! Aunque pueda que esto sea cierto para algunos hombres, la Escritura nos dice que cuando Jacob y su familia se acercaron a Egipto, Jacob envió a Judá adelante para “averiguar el camino a la región de Gosén” (Génesis 46:28, NTV).

Así que es cierto: ¡Los sabios piden direcciones!

Pero aparte de demostrar este punto, ¿por qué ese detalle fue incluido en la Biblia? Sabemos que ningún detalle mencionado en la Escritura es superfluo. Cada palabra y cada letra tienen un significado y un mensaje para nosotros. ¿Cuál es el mensaje aquí?

Los eruditos señalan que la palabra hebrea para “pedir direcciones o instrucciones,” l‘horot, se relaciona con la palabra Torá (nuestras instrucciones para la vida). Por lo tanto, dicen los eruditos, Jacob no estaba enviando a Judá solo para averiguar el camino; lo estaba enviando para que preparara un lugar para estudiar la Torá. Tal es la importancia de aprender para “el pueblo del Libro.” Ningún lugar puede ser llamado hogar a menos que sea un lugar donde la gente vaya a estudiar la Palabra de Dios.

Cada mañana, los judíos leen una selección del Talmud que enumera lo que una persona puede hacer para ganar recompensas en este mundo y en la vida después de la muerte. En la lista encontramos: honrar a los padres, hacer actos de bondad, visitar a los enfermos, orar con fervor y otras acciones honorables. Sin embargo, el pasaje termina con esto: “ . . . y el estudio de la Torá es igual a todas ellas.”

¿Cómo puede ser eso? Estar sentado en un salón, estudiando atentamente textos antiguos, ¿es realmente mejor que visitar a los enfermos?

La respuesta es que sí. Porque cuanto más estudiamos la Biblia, más nos vamos a involucrar en todas esas acciones virtuosas. A menudo, la Torá se compara con el agua. Así como el agua hace que todo crezca, el estudio de la Torá nos hace crecer. Nos hace más amables, más solícitos, más piadosos. Como escribió el salmista: “Los decretos del Señor son confiables, hacen sabio al sencillo” (Salmos 19:7, NTV). La Escritura nos ilumina y nos enseña cómo vivir.

Este versículo nos recuerda lo importante que es hacer del estudio bíblico una parte coherente e integral de nuestras vidas. Puede que ya lo sepamos, pero su aplicación es otra cosa. En la vida estamos ocupados con muchas cosas que hacer. Pero como este versículo enseña, mientras más estudiamos, más vamos a estar ocupados con las “cosas” correctas.