El primer mandamiento

“Dios habló, y dio a conocer todos estos mandamientos: ‘Yo soy el Señor tu Dios. Yo te saqué de Egipto, del país donde eras esclavo’”. (Éxodo 20:1-2, NVI)

La porción de la Torá de esta semana, Yitro, es de Éxodo 18:1 – 20:23 y de Isaías 6:1 – 7:6, 9:5-6.

Finalmente, el momento que todos hemos estado esperando: la entrega de los Diez Mandamientos en el Monte Sinaí. Durante semanas, hemos anticipado este evento monumental. Leímos del viaje de los hijos de Israel a Egipto, de su esclavitud y de Moisés, el príncipe egipcio que se convirtió en el salvador de Israel. Experimentamos las diez plagas y la separación del Mar Rojo. Por último, hemos llegado por fin al Monte Sinaí.

¡Qué momento! “Hubo truenos y relámpagos, y una densa nube se posó sobre el monte. Un toque muy fuerte de trompeta (…) El monte estaba cubierto de humo, porque el Señor había descendido sobre él en medio de fuego” (Éxodo 19:16-18, NVI). Por primera y única vez, Dios se reveló a todo un pueblo y nos dio los Diez Mandamientos, según los cuales debemos vivir.

Podemos imaginar la anticipación mientras Dios revelaba el mandamiento número uno: “Yo soy el Señor tu Dios. Yo te saqué de Egipto, del país donde eras esclavo”. ¿Pero, qué pasa aquí? ¡Suena mucho más a una presentación que a un mandamiento! ¿Qué acciones se supone que debemos realizar o no realizar? La mayoría de los otros mandamientos comienzan indicando qué es lo que hay que hacer o no hacer; ¿qué debemos hacer o no hacer aquí?

Para responder a esta pregunta tenemos que hacernos otra pregunta: ¿Por qué Dios se refiere a sí mismo como el Dios que “te sacó de Egipto” y no como el Dios que creó el mundo? Sin duda, ¡la creación del mundo es el acto más famoso de Dios!

La respuesta es que Dios quiere que lo conozcamos no sólo como el creador del mundo, sino también como su sustentador. Dios no sólo hizo el mundo y luego se dedicó a otras cosas. Dios está involucrado en el mundo y en nuestro mundo personal, aquí mismo, ahora mismo. Es por eso que Dios se refirió a sí mismo como el Dios que llevó a los israelitas fuera de Egipto. Aquel fue un evento que experimentaron a nivel personal e íntimo. Dios quería que ellos supieran, y nosotros también, que él es extremadamente personal, que se involucra en todos los pequeños detalles de la vida, desde la molécula más pequeña hasta el más grande océano, y así mismo en nuestras vidas.

Según los eruditos, ese es el significado del primer mandamiento: nos obliga a saber que Dios es parte de nuestra vida en cada momento. Saber que Dios está presente en todo momento definirá completamente cómo vivimos nuestras vidas.

Tómese un momento y reflexione sobre la presencia de Dios en su vida, y permita que este conocimiento pinte el retrato de su día. ¡El cumplimiento del primer mandamiento nos conduce a días más ricos y significativos!