El poder de las palabras

De hecho, cuando el hombre de Dios le dijo al rey: “Mañana a estas horas, a la entrada de Samaria, podrá comprarse una doble medida de cebada con una sola moneda de plata, y una medida de flor de harina por el mismo precio’, ese oficial había replicado: ‘¡No me digas!” — 2 Reyes 7:18–19

La porción de la Torá de esta semana es una doble lectura, Tazría-Metzorá, de Levítico 12:1–15:33 y la Haftará es de 2 Reyes 7:3–20.

La lectura de la Haftará nos proporciona un relato bíblico interesante, que se trata de cuatro hombres con la enfermedad que se explicó en la lectura de la Torá. Así también, incluye al profeta Eliseo, al ejército arameo y al pueblo de Israel. Cuando se estudia profundamente la historia, se encuentra una lección sobre la palabra hablada, el tema principal de la lectura de la Torá de esta semana. Mientras analizamos esta historia, tenga presente el contraste entre las cuatro personas enfermas y Eliseo, el hombre de Dios.

En primer lugar, revisemos algunos antecedentes. ¿Cómo llegaron a estar enfermos aquellos hombres?

Anteriormente, Eliseo había sanado a un hombre de lepra, pero se había negado a recibir pago alguno por aquel acto. Luego, el jefe de los siervos de Eliseo y sus tres hijos persiguieron al hombre y le mintieron, pues le dijeron que Eliseo quería que le pagara con un poco de plata y algunas prendas de vestir. Cuando Eliseo se enteró del engaño de su siervo y sus hijos, les maldijo diciéndoles que iban a padecer la misma enfermedad del hombre que él había sanado. Inmediatamente, el criado y sus hijos fueron afectados con la enfermedad, y como requería la ley, se les ordenó vivir en aislamiento.

En aquel tiempo, los israelitas se morían de hambre porque el ejército arameo les había sitiado. Eliseo prometió al rey arameo que en tan sólo un día todo cambiaría y Dios traería abundancia. El capitán del rey expresó dudas de que tal cosa pudiera suceder, pero Eliseo confiaba en que sus palabras se harían realidad.

Aquí es donde comienza la Haftará. Los hombres enfermos también se morían de hambre, y como último recurso, decidieron rendirse a los arameos. Sin embargo, cuando llegaron al campamento de los sirios, lo encontraron abandonado. Dios había hecho que los sirios escucharan un gran ruido, y como pensaron que era un gran ejército invasor, huyeron despavoridos. Los hombres enfermos descubrieron abundancia de tesoros y alimentos, que se llevaron y escondieron para sí mismos. Finalmente, los hombres pensaron en sus hermanos hambrientos y decidieron compartir la buena noticia. Al final de la lectura, todos los israelitas se habían beneficiado del botín abandonado por los sirios y la abundancia prometida por Eliseo se había cumplido.

¿Qué paralelismos podemos establecer entre los hombres enfermos y Eliseo?

Los cuatro hombres representan a las personas que utilizan su voz para propagar el odio y la mentira. Sus palabras además de efímeras, eran egoístas e iban en detrimento de los demás. Aunque sus palabras produjeron una ganancia material temporal, también les provocaron un daño espiritual. Por el contrario, Eliseo simboliza a aquellos que usan su voz correctamente; sus palabras eran serviciales y alentadoras, verdaderas y perdurables, y aportaron bendiciones a todos.

Como enseñan los eruditos: “La vida y la muerte están en el poder de la lengua.” Por lo tanto haríamos bien en recordar que debemos usar nuestras palabras para bendecir las vidas de los demás.