El más sabio de todos los regalos

Pero si no le alcanza para comprar un cordero, tomará dos tórtolas o dos pichones de paloma, uno como holocausto y el otro como sacrificio expiatorio. Así el sacerdote hará propiciación por la mujer, y ella quedará purificada. — Levítico 12:8

La porción de la Torá de esta semana es una doble lectura, Tazría-Metzorá, de Levítico 12:1–15:33 y la Haftará es de 2 Reyes 7:3–20.

“El regalo de los Reyes Magos por O. Henry, es un conocido cuento de una pareja joven sin dinero, que desesperadamente quieren darse regalos de Navidad el uno al otro. La esposa decide vender su posesión más preciada –– su hermoso cabello –– y con el dinero que recibe, le compra a su marido una cadena para su más preciada posesión: su reloj de oro. Al mismo tiempo, el marido vende su valioso reloj con el fin de comprarle a su esposa unas peinetas para su preciado cabello.

Cuando la pareja intercambia los regalos, se dan cuenta de que los regalos ya no tienen valor. No obstante, no se quedan con las manos vacías. De hecho, reciben el mejor regalo de todos: el amor. El autor concluye que de todos los que han dado regalos, ellos dos han sido los más sabios, porque los mejores regalos no son materiales. Los mejores regalos vienen del corazón.

En el comienzo de la porción de la Torá de esta semana, leemos de las leyes con respecto a una mujer que ha dado a luz. Tal mujer debe presentarle dos sacrificios a Dios: un cordero y una paloma o una tórtola. Sin embargo, la escritura continúa diciendo que si la mujer no tiene los recursos para presentarle un cordero a Dios, puede llevarle dos pájaros en su lugar. “Así el sacerdote hará propiciación por la mujer, y ella quedará purificada.

Los eruditos señalan que es importante tener en cuenta la prescripción que aquí se da. Dos donativos materiales diferentes proporcionan el mismo resultado espiritual. Esta ecuación, explican ellos, no era relevante sólo para las mujeres que daban a luz en los tiempos bíblicos; es una ecuación espiritual que sigue siendo cierta hoy en día. Cuando damos a Dios, nunca se trata de lo que damos; más bien se trata de la forma en que damos. Los resultados espirituales están determinados por el aporte espiritual, no por los elementos materiales.

A menudo, cuando queremos hacer un donativo para los propósitos de Dios, nos reprimimos porque lo que tenemos que ofrecer no es “suficiente.” Así que en lugar de dar lo que nos parece inadecuado, no damos nada en absoluto. Pero Dios quiere que sepamos que la cantidad que damos no es importante. Dios valora los regalos que vienen del corazón. Siempre y cuando demos lo mejor de acuerdo a nuestras posibilidades, ese regalo –– no importa la cantidad –– es apreciado por Dios.

En la historia de O. Henry, no es difícil imaginar el amor que el esposo y la esposa sentían el uno por el otro. Esa es la clase de amor que Dios siente por nosotros cuando damos de lo que tenemos, sin importar cuán pequeño o grande sea lo que damos. Así que la próxima vez que usted vaya a dar para los propósitos de Dios, rebusque en su billetera, pero más importante aún, hágalo desde lo profundo de su corazón.