El Dios de nuestra salvación

El Señor le ordenó a Moisés que les dijera a los israelitas: “Cuando una mujer conciba y dé a luz un niño, quedará impura durante siete días, como lo es en el tiempo de su menstruación.” — Levítico 12:1–2

La porción de la Torá de esta semana es una doble lectura, Tazría-Metzorá, de Levítico 12:1–15:33 y la Haftará es de 2 Reyes 7:3–20.

Una vez un hombre fue adonde un rabino, y muy emocionado le explicó que había experimentado a Dios y que ahora creía en él. “Un día andaba por una carretera montañosa cuando mi moto chocó contra una piedra y me caí desde un acantilado hacia lo que sería mi muerte. Mientras caía, sentí que dos manos me agarraron y me guiaron suavemente hasta el suelo. Salí de aquel accidente sin ninguna herida, por lo que sé que Dios me salvó.” El rabino no se dejó impresionar y le dijo al hombre: “Me alegro de que sepa quién lo salvó, pero ¿alguna vez ha pensado en quién fue el que lo empujó?”

La porción de la Torá de esta semana es una lectura doble. La primera sección se llama Tazría, que significa “concebir,” como en: “Cuando una mujer conciba . . .” La segunda selección se llama Metzorá, que significa “enfermo,” como en: “Éstas son las instrucciones para la purificación de un enfermo . . . ” (Levítico 14:2, DHH).

Los eruditos enseñan que estas porciones, que se leen en el mismo Shabbat casi todos los años, tienen una profunda conexión. Pero, ¿cuál podría ser la conexión entre dar a luz y estar enfermo? Las enfermedades, sin sanación, llevan a la muerte. ¿Qué puede tener eso en común con los inicios de la vida?

Todos los días en nuestras oraciones diarias, los judíos bendecimos a Dios así: “El Rey que trae la muerte y da la vida y hace brotar la salvación.” ¿Por qué alabamos a Dios como aquel que trae la muerte? Porque a menudo es a través de la muerte que una nueva vida puede formarse y la salvación puede llegar.

Basta pensar en la naturaleza. Las hojas de un árbol tienen que morir para que otras nuevas puedan brotar. Una semilla tiene que romperse para que una planta pueda crecer. De la misma manera sucede con nosotros; a veces tenemos que quebrantarnos o experimentar una muerte parcial, con el fin de volver a nacer.

Esto es lo que el rabino estaba tratando de enseñarle al hombre que se cayó de su motocicleta. Dios no es sólo el que produce nuestra salvación; él es también el que nos pone en situaciones difíciles. Si sólo vemos la mano de Dios cuando nos va bien, estaremos perdidos cuando no somos tan afortunados en la vida. La mano que nos empuja es la misma que nos sostiene. Dios nos quebranta y también nos levanta, con el fin de que podamos crecer.

Así que la próxima vez que la vida lo ponga de rodillas o se sienta desafiado, recuerda que todo es parte del proceso de salvación. Cada vez que parte de nuestro viejo yo “muere,” ¡una nueva parte de nosotros puede renacer!