El Día de Acción de Gracias original

La carne de este sacrificio deberá comerse el día en que se ofrezca, sin dejar nada para el día siguiente. — Levítico 7:15

La porción de la Torá de esta semana, Tzav, es de Levítico 6:8–8:36 y la Haftará es de Jeremías 7:21–23.

Según la tradición judía, cuando el Santo Templo sea reconstruido, ninguno de los sacrificios descritos en Levítico se ofrecerá más, a excepción de uno: la ofrenda de acción de gracias. Los eruditos también explican que ninguna de las oraciones que decimos ahora se dirán en el futuro tampoco, a excepción de una: la oración de acción de gracias.

El punto que los eruditos enfatizan es que en los tiempos mesiánicos, la humanidad alcanzará un estado superior del ser y ya no tendrá que expiar pecados o sufrir carencias de lo que necesite. La codicia, la guerra, el hambre y las transgresiones quedarán atrás; ¡pero el acto de dar gracias a Dios es para siempre!

Hay algo más que es singular en cuanto a la ofrenda de acción de gracias: tenía que ir acompañada de 40 ofrendas de comida, las que se tenían que consumir en su totalidad para la puesta del sol del mismo día. De hecho, era imposible que aquellos que traían la ofrenda de acción de gracias terminaran toda la comida por sí mismos en el tiempo requerido. ¿Por qué entonces lo estipuló Dios de esa manera?

Los eruditos explican que los requisitos imposibles eran bastante intencionales. Dios quería que el adorador no fuera capaz de completar la tarea por su cuenta, por lo que tendría que invitar a otros a unírsele. La persona que presentaba la ofrenda se veía obligada a compartir su comida con otras personas, quienes a su vez inevitablemente le preguntarían cuál era la ocasión. Eso le daría al adorador la oportunidad de compartir su historia y gratitud con ellos. Este es precisamente el propósito de la ofrenda: expresar genuina y sincera gratitud a Dios. De esa manera, la ofrenda sería consumida.

La importancia de dar gracias a Dios por todas nuestras bendiciones, especialmente en presencia de los demás, es algo que sin duda nunca cambiará. Y por una buena razón: no sólo es agradable a Dios, sino que también es de mucho beneficio para nosotros. La gratitud tiene el poder de cambiar por completo nuestra visión de la vida: del pesimismo al optimismo, de la tristeza a la alegría. Decir “gracias” a Dios no es sólo un regalo que le damos a él, ¡también es el mayor regalo que podemos darnos a nosotros mismos!

El Día de Acción de Gracias llega sólo una vez al año en el calendario de algunos países, pero el judaísmo pregunta: ¿Por qué esperar hasta entonces? Siempre que algo grande suceda en la vida –como el nacimiento de un niño o la curación de una enfermedad– se insta a las personas a celebrar con una comida de acción de gracias. Algunas familias tienen la costumbre de expresar las cosas por las que están agradecidos, alrededor de la mesa familiar cada viernes por la noche. De esa manera llevamos a cabo la tradición de la ofrenda de acción de gracias; es parte de nuestro pasado y será parte de nuestro futuro, por lo tanto debe ser parte de nuestro presente también.