El despertador de Dios

El día primero del mes séptimo celebrarás una fiesta solemne, y nadie realizará ningún tipo de trabajo. Ese día se anunciará con toque de trompetas. – Números 29:1

Nota a nuestros lectores: Hoy es el segundo día de Rosh Hashaná y el comienzo de los Días Más Sagrados, la época más sagrada del año para el pueblo judío. Durante la observancia de los dos días de Rosh Hashaná, vamos a ofrecer una reflexión vinculada con esta festividad. Dado que no se puede trabajar durante Rosh Hashaná, estas reflexiones se prepararon con antelación para usted.

Su despertador, ¿es un amigo o un enemigo? Como dice el gracioso chiste: Mi despertador y yo tuvimos una pelea. Él quería que me levantara y yo me negué. La cosa se puso seria. Ahora estoy despierto y el reloj está roto. No estoy seguro de quién ganó…

El trabajo de un despertador es justamente despertarnos para que podamos comenzar nuestro día. Sin embargo, aunque algunas personas lo ven como un verdadero aliado, otras lo ven como un enemigo. Pero sea cual sea su posición acerca del valor del despertador, la mayoría está de acuerdo en que si uno quiere ser productivo, el despertador es una necesidad para comenzar el día.

¿Alguna vez ha considerado la necesidad de una llamada que nos despierte para comenzar un nuevo año? Justamente así es como comenzamos el Año Nuevo Judío: con una llamada a despertarnos, utilizando el despertador que el propio Dios estableció. Lo llamamos el shofar, una trompeta hecha de cuerno de carnero, que se constituye como parte central de los servicios de Rosh Hashaná. De hecho, el llamar a despertar es un mandato bíblico: “El día primero del mes séptimo celebrarás una fiesta solemne . . . Ese día se anunciará con toque de trompetas.” Según la tradición judía, el primer día del mes hebreo de Tishrei fue cuando el hombre fue creado, y todos los años en ese día, la humanidad empieza un nuevo año, y lo comenzamos con el shofar que nos llama a despertar.

Pero, ¿a qué nos despertamos?

El mayor regalo de Dios a la humanidad es el tiempo, pero ese regalo no es ilimitado. Sin importar quiénes somos, sólo contamos con 24 horas en un día, los 365 días del año, y un promedio de vida que es demasiado corto. Con demasiada frecuencia, vamos por la vida “adormecidos,” sin controlar realmente lo que hacemos o pensar en por qué lo hacemos. Con demasiada frecuencia, realizamos nuestras rutinas diarias como si fuéramos zombis, carentes de significado y propósito. Dejamos que momentos preciosos se nos pasen desapercibidos y no notamos la belleza que nos rodea. Algunas personas llegan al final de su vida y se dan cuenta que estuvieron adormecidas todo el tiempo; otras nunca despiertan de su estado somnoliento y creen que van a vivir para siempre.

Eso era lo que el salmista estaba pensando cuando escribió: “Enséñanos a contar bien nuestros días, para que nuestro corazón adquiera sabiduría” (Salmo 90:12). Sólo cuando despertamos a la realidad de que cada día tiene su final y que lo mismo ocurre con la vida de todos, realmente podemos vivir en el verdadero sentido de la palabra y utilizar nuestro tiempo para lo que es más importante. Ya no vamos a posponer las cosas y presionar el conocido “botón de aplazamiento,” sino que vamos a empezar a vivir.

Aunque usted celebre el Año Nuevo el 1º de enero, puede empezar de nuevo hoy. Comience cada día como empezamos el Año Nuevo: con claridad, energía y un nuevo aprecio por la vida. Cada día, amemos, demos y sirvamos, para que cuando llegue nuestro descanso eterno, hayamos utilizado el tiempo que se nos concedió de manera buena y completa.