Dispersos y pocos

El Señor los dispersará entre las naciones, y entre todas ellas sólo quedarán esparcidos unos pocos. — (Deuteronomio 4:27)

La porción de la Torá de esta semana, Va’etjanán, es de Deuteronomio 3:23 – 7:11, y la Haftará es de Isaías 40:1-26.

Cuando Federico el Grande le preguntó a su asesor de confianza, cuál era la prueba más contundente que demostraba la existencia de Dios, el asesor le respondió: “Los judíos, señor, los judíos.” ¿Cómo es que el pueblo judío sea un testimonio vivo de la existencia de Dios?

La respuesta es que el pueblo judío, de acuerdo a la lógica y la razón, debería de haber desaparecido. Es estadísticamente imposible que una nación tan pequeña, que ha sido perseguida y expulsada de una tierra tras otra, todavía exista. Aún más increíble es el hecho de que hayan regresado a su patria. No hay una explicación natural para la existencia de Israel hoy en día, sólo una sobrenatural. Sólo hay una explicación posible para la supervivencia y renacimiento de los judíos: Dios.

Si los judíos existen en la actualidad, es sólo porque Dios existe eternamente.

Si los judíos fueran una nación grande y poderosa, podríamos haber atribuido su perseverancia a su elevada población o destreza militar. Si los judíos hubiesen permanecido en su tierra natal desde su creación hace más de 3,000 años, podríamos haber acreditado su existencia hoy a la estabilidad que disfrutaron a través de la historia. Sin embargo, los judíos no han tenido ninguna de estas ventajas. Ellos han sido siempre una nación pequeña, menos del uno por ciento de toda la humanidad, sin milicia ni patria hasta tiempos recientes. Bajo estas circunstancias, ninguna nación podría haber sobrevivido.

Aún más sorprendente es que la Biblia predice estas terribles circunstancias: “El Señor los dispersará entre las naciones, y entre todas ellas sólo quedarán esparcidos unos pocos.” Dios prometió que el pueblo judío sería pequeño en número y que estaría disperso por todo el mundo, pero que iba a sobrevivir. ¿Quién podría afirmar algo tan increíble sino el Señor del Universo? ¡Sólo Dios podía prever y organizar tales eventos!

En su brillante obra, Kol Dodi Dofek: Listen, My Beloved Knocks (Kol Dodi Dofek: Escucha, mi amado llama a la puerta), el rabino Joseph Soloveitchik enumera los “seis llamados de Dios” a nuestra puerta en estos tiempos. Entre los seis milagros modernos que detalla con respecto a los judíos, se encuentran: su regreso a la tierra de Israel, los milagros del ejército israelí y el establecimiento del Estado de Israel. Estos eventos sobrenaturales pronosticados en la Biblia, dice el rabino Soloveitchik, son los llamados de Dios a nuestra puerta, pidiéndonos que despertemos y lo dejemos entrar.

Estamos viviendo en tiempos maravillosos. Las promesas de la Biblia se están cumpliendo en la actualidad. Inspirémonos en los milagros que se desarrollan ante nuestros propios ojos. Reafirmemos nuestra fe y renovemos nuestro compromiso con Dios. Dios es fiel eternamente; seámosle fieles a él por toda la eternidad.