¡Dios quiere la participación de USTED!

El Señor habló con Moisés y le dijo: “Ordénales a los israelitas que me traigan una ofrenda. La deben presentar todos los que sientan deseos de traérmela.” — Éxodo 25:1–2

La porción de la Torá de esta semana, Terumá, es de Éxodo 25:1—27:19 y de 1 Reyes 5:12—6:13.

La porción de la Torá de esta semana es sobre la estructura temporal que serviría como Templo portátil: el Tabernáculo, o en hebreo, el Mishkán. En los primeros versículos, Dios instruyó a Moisés recaudar contribuciones de los hijos de Israel con el fin de construir el Mishkán. Esta porción de la Torá se llama Terumá, que significa contribuciones, y recibe su nombre de las donaciones que el pueblo de Dios daría de corazón para su plan divino.

Los eruditos preguntan: ¿Por qué la porción de la Torá acerca de la casa de Dios recibe su nombre de las contribuciones de los hombres? La vasta mayoría de los versículos en esta selección hablan de los detalles del Mishkán. Entonces, ¿por qué se centra su título en los pocos versículos que describen las donaciones efectuadas por el pueblo?

Cuando se piensa aún más en esto, también podríamos preguntarnos: ¿Por qué Dios, en primer lugar, le pide contribuciones al pueblo? Todo el mundo sabe que él trajo el maná del cielo y sacó agua de una roca. Ciertamente, ¡bien podría proporcionar los medios para construir su propia casa!

Y justamente de eso se trata. Dios podría haber hecho todo por su propia cuenta, pero escogió no hacerlo. En cambio, le dio a la humanidad un papel para desempeñar. Dios no necesita de nosotros, pero él quiere nuestra participación. Él quiere que seamos sus socios en traer santidad al mundo y hacer de él un mejor lugar.

La construcción de la casa de Dios, sin duda, ocupa un lugar central en la porción de la Torá de esta semana, pero todo depende de las contribuciones de sus hijos. Dios quiere ser parte de nuestro mundo, pero eso tiene que darse a través de nosotros: a través de nuestros deseos, nuestras acciones y nuestras contribuciones.

Hace algunos años, encontré una buena anécdota que dice algo así:

—A veces me gustaría preguntarle a Dios por qué permite la pobreza, el sufrimiento y la injusticia cuando él podría hacer algo para aliviarlos.

—Bueno, ¿por qué no se lo preguntas?

—Porque temo que él me haga la misma pregunta.

Al igual que Dios pudo haber construido el Mishkán sin la ayuda de los hijos de Israel, también podría resolver todos los problemas del mundo sin su ayuda o la mía. Pero al igual que él eligió darles a los israelitas un papel en la construcción de su casa, nos da a cada uno de nosotros la oportunidad de ser parte de la construcción de su mundo.

Dios quiere que usted sea su socio hoy y todos los días en el perfeccionamiento del mundo. ¿Qué puede hacer usted hoy? ¿Cuál será su aporte esta semana, este año, en esta vida? Contribuir a los propósitos de Dios no es una obligación onerosa; es una maravillosa oportunidad y un privilegio.