¡Dios le ama!

El Señor llamó a Moisés y le habló desde la Tienda de reunión. — Levítico 1:1

La porción de la Torá de esta semana, Vaikrá, es de Levítico 1:1–5:19 y de Isaías 43:21–44:23.

Si hay una palabra que escuchamos casi todos los días, es nuestro nombre. Sin embargo, cada vez que nuestro nombre es pronunciado, no tiene siempre el mismo significado. Digamos que su nombre es María. Está el “María” que se dice con dulzura y significa “te amo.” Luego, está el “María” que se dice con severidad y significa “¡estás en graves problemas!” También está el “María” que dicho de forma suplicante podría indicar que alguien está a punto de pedirle un favor. ¡Hay muchos significados para cualquier nombre en función de cómo se dice!

La porción de la Torá de esta semana comienza cuando Dios llama a Moisés por su nombre. El título de la porción es Vaikrá, que significa “y llamó.” El hecho de que toda esta porción — e incluso el tercero de los cinco libros de Moisés — le deba su nombre a esta palabra, nos dice que hay un mensaje importante en ella.

Los eruditos enseñan que: “cada vez que Dios se comunicaba con Moisés — ya fuera con la expresión ‘él habló’ o ‘él dijo’, o bien ‘él ordenó’ — esta comunicación siempre estuvo precedida por el llamado de Dios a Moisés por su nombre, ya que llamarlo por su nombre era una expresión de afecto.”

En otras palabras, cuando Dios llamaba a Moisés por su nombre, no era sólo para llamar su atención, ni para castigarlo o pedirle un favor. Cuando Dios llamaba a Moisés por su nombre era para decirle que lo amaba. Sólo entonces, Dios procedía a abordar lo que iba a trata en el momento: un mandamiento, un reproche o lo que fuera. Primero era el amor; todo lo demás quedaba en segundo lugar.

Los eruditos explican que esta interpretación más profunda de la palabra Vaikrá, “y llamó,” nos enseña que el amor de Dios por nosotros está antes que cualquier otra cosa. El amor de Dios es incondicional e inquebrantable. Como dice en Jeremías: “Con amor eterno te he amado . . .” (31:3).

Shlomo Carlebach, un rabino y músico que murió en la década de 1990, a menudo decía: “Tenemos que enseñarles a nuestros hijos a amar a Dios, ¡pero es aún más importante que les enseñemos lo mucho que Dios los ama!” Es muy importante enseñar a nuestros hijos, y reconocer nosotros mismos, cuán amados somos por Dios. Este conocimiento no puede ser subestimado. Las personas que saben que Dios les ama, saben que son valiosas y encantadoras, no importa lo que digan los demás. Las personas con aquel conocimiento tienen la valentía para hacer lo que es correcto y la determinación de tratarse a sí mismas de forma apropiada. Además, tendrán amor para los demás y para Dios también.

Así que a medida que avanza el día, recuerde: ¡Dios le ama! Más de lo que cualquiera de nosotros podrá entender jamás.