Dios en el lugar de trabajo

“Seis años sembrarás tus campos y recogerás tus cosechas, pero el séptimo año no cultivarás la tierra. Déjala descansar, para que la gente pobre del pueblo obtenga de ella su alimento, y para que los animales del campo se coman lo que la gente deje. Haz lo mismo con tus viñas y con tus olivares. Seis días trabajarás, pero el día séptimo descansarán tus bueyes y tus asnos, y recobrarán sus fuerzas los esclavos nacidos en casa y los extranjeros.” — Éxodo 23:10-12

La porción de la Torá de esta semana, Mishpatim, es de Éxodo 21:1-24:18 y de Jeremías 34:8-34:22.

Entre las leyes de la justicia y las leyes que tienen que ver con las tres festividades, la Escritura pone dos leyes juntas. Una de ellas es la ley en cuanto al día de reposo semanal y la otra es sobre el año sabático, que ocurre una vez cada siete años. En el día de reposo, las personas descansan. Durante el año sabático, la tierra descansa. El descanso es un tema que comparten ambos mandamientos; el otro es la fe.

Imagínese si el presidente de los Estados Unidos decretara que nadie está autorizado a sembrar o cosechar ningún alimento durante todo un año. ¡Me atrevería a decir que sus días como presidente estarían contados! Pero eso es exactamente lo que Dios dice, y porque se trata del Señor, podemos confiar en su palabra, aunque no tenga sentido para nosotros. Dios también hace una promesa con respecto a este mandamiento: “Déjenme decirles que en el sexto año les enviaré una bendición tan grande que la tierra producirá como para tres años” (Levítico 25:21). En esencia, lo que Dios está diciendo es: “Confía en mí, habrá suficiente.”

El día de reposo funciona con un principio similar. Para alguien que está tratando de ganar dinero, cerrar su tienda todos los sábados puede parecer ilógico, pero el hecho es que esto va más allá de la razón y la lógica. Por miles de años, los judíos que han observado el día de reposo se han negado a trabajar este día. Ellos siempre han confiado en que su sustento vendrá del cielo y que serán bendecidos.

Rose Goldstein tenía sólo 12 años cuando llegó a Estados Unidos en el año 1900. Como su padre la envió allí desde Polonia, le imploró que nunca olvidara quién era, que permaneciera fiel a sus valores judíos y que observara el día de reposo. Pero Rose rápidamente se enteró de que casi ningún judío estadounidense observaba las leyes sabáticas en aquel país.

Pronto, todo el mundo comenzó a presionar a Rose para que trabajara los sábados: su jefe, sus familiares y sus amigos. Para ella fue difícil tomar la decisión, pero finalmente decidió observar el día de reposo y confiar en Dios. Cuando llegó el sábado, Rose le dijo a su familia que iba a trabajar, cuando realmente se dirigía a la sinagoga. Cuando volvió a casa, quedó paralizada por las noticias. El lamentable incendio de la fábrica Triangle Shirtwaist, el sábado 25 de marzo de 1911, había cobrado la vida de 146 trabajadores inmigrantes. Debido a que había observado el día de reposo, Rose Goldstein no estaba en la fábrica aquel día.

Las leyes del día de reposo y las leyes del año sabático nos enseñan que debemos incluir a Dios en el lugar de trabajo. Debemos seguir sus leyes, aun cuando arriesguemos nuestras ganancias monetarias. Como la historia de Rose demuestra, al igual que muchas otras, aunque es posible que pensemos que estamos haciendo sacrificios en nombre de Dios, la verdad es que él está haciendo mucho más por nosotros.