Dicho simplemente

¡Ya se te ha declarado lo que es bueno! Ya se te ha dicho lo que de ti espera el Señor: Practicar la justicia, amar la misericordia, y humillarte ante tu Dios. —  (Miqueas 6:8)

La porción de la Torá de esta semana, Balak, es de Números 22:2 – 25:9, y la Haftará es de Miqueas 5:6 – 6:8.

Hay un cuento jasídico acerca de un hombre judío en Polonia, al que todos llamaban “Yossele el Avaro.” La razón por la que le pusieron ese nombre fue porque todo el mundo sabía que Yossele no era para nada caritativo, a pesar de que tenía mucho para dar. ¡El hombre habría podido ayudar a todo el pueblo si hubiese querido!

Un día, finalmente Yossele murió. A nadie le importó mucho, ya que no representaba ninguna pérdida para el pueblo. Después de todo, ¿en qué había contribuido aquel avaro? Pero después del primer Shabbat, comenzó a emerger una percepción distinta de Yossele. De repente, la gente llegaba a la casa del rabino con la misma historia. Durante años, cada semana recibían un sobre lleno de dinero, que un misterioso extraño pasaba por debajo de sus puertas durante la noche. Pero aquel jueves por la noche, no había llegado ningún dinero para ayudarlos a prepararse para el Shabbat.

Inmediatamente, fue evidente para el rabino quién había sido realmente Yossele el Avaro. En realidad, era más bien Yossele el Santo Avaro, un hombre que daba incondicionalmente a la gente de su pueblo, sin obtener ningún reconocimiento. No tenía motivos ocultos en su entrega; daba de todo corazón.

En la Haftará de esta semana, Dios describe todas las cosas buenas que ha hecho por los hijos de Israel, incluyendo salvarlos de Balac, rey de Moab, y de Balán el hechicero, como relata la historia que leemos en la porción de la Torá de esta semana. Dios les pregunta a los hijos de Israel que por qué no le obedecen ni le siguen con fe, después de todo lo que él ha hecho por ellos.

Dios pregunta: “¿Qué te he hecho?” (Miqueas 6:3) ¿Le exigía Dios demasiado a su pueblo, a cambio de todo lo que él había hecho por ellos? Dios explica que lo que él quiere es muy sencillo. Todo lo que quiere que hagamos es: “Practicar la justicia, amar la misericordia, y humillarte ante tu Dios.

Los eruditos señalan que hay una relación entre cómo Dios salvó a su pueblo de Balac y Balán, y cómo tenemos que servirle nosotros. Cuando Dios salvó a los israelitas de las maldiciones de Balán, ellos no tenían ni idea de que estaban en peligro; ni antes, ni durante, ni después. Dios los salvó de una manera reservada, sin ningún tipo de reconocimiento o agradecimiento. Dios lo hizo de corazón.

Así es como necesitamos servir a Dios. Tenemos que actuar con justicia y ser compasivos; humildemente, en silencio, con sencillez; sin ostentaciones ni manifestaciones extravagantes. No con la intención de que pongan nuestro nombre en una placa o nos den reconocimiento público. Dios quiere un servicio verdadero y una relación real. No es nada complicado lo que Dios quiere de nosotros. Él simplemente nos quiere tal como somos; quiere nuestra alma y corazón.