Lo que Caín le dijo a Abel

Caín habló con su hermano Abel. Mientras estaban en el campo, Caín atacó a su hermano y lo mató. — Génesis 4:8,

La porción de la Torá de esta semana, B’reisheet, es de Génesis 1:1 – 6:8 y de Isaías 42:5 – 43:10.

Los dos primeros hermanos de la historia no tuvieron un gran comienzo. Uno atacó al otro y terminó siendo el primer homicidio en el mundo. ¡Vaya, rivalidad entre hermanos!

Recapitulemos: Tanto Caín como Abel ofrecieron sacrificios a Dios. El de Caín fue rechazado porque eran productos de segunda categoría, mientras que el de Abel fue aceptado porque él le llevó a Dios lo mejor. Esto molestó a Caín en gran medida, pero Dios le dijo que se animara; ¡Caín pudo corregir su error! “Si haces lo que es correcto, ¿no serás enaltecido?” (Génesis 4:7, RVC).

Lo siguiente que sabemos es que Caín estaba hablando con Abel. Ahora bien, en versiones posteriores de la Biblia leemos que Caín dijo: “Vamos al campo”. Pero en la Biblia original, no se encuentra esa frase. El versículo original dice: “Dijo entonces Caín a su hermano Abel. Y sucedió que, mientras estaban ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató”. Con razón se añadieron palabras a este versículo, ya que sin ellas no tiene mucho sentido. ¿Qué le dijo Caín a Abel? ¡Esta información hace alta!

Ese es el punto, dicen los eruditos.

No importa lo que dijo Caín a Abel. Pudo no haber dicho nada en absoluto. El asesinato de Abel no tuvo nada que ver con la conversación que tuvo con Caín, sino más bien con el propio Caín. Caín estaba molesto porque su sacrificio no fue aceptado. Estaba enfadado consigo mismo y se desquitó con su hermano.

Qué inquietante percepción sobre las relaciones humanas. ¿Cuántas peleas entre dos personas son realmente luchas que una persona está teniendo con ella misma? ¿Es posible que cuando nos enojamos con otras personas, realmente estemos enojados con nosotros mismos? ¿Es posible que cuando una persona arremete contra nosotros, realmente esté molesta consigo misma?

Una mujer llega a casa después de un largo y difícil día de trabajo. Su jefe estuvo asediándola todo el día. Su esposo comete el error de preguntarle qué hay para cenar. ¡Vaya que está lista para descargarse con él! Pero, ¡un momento! Ella se detiene y piensa. ¿Hizo él algo mal? ¿Es su problema o el mío?

Al día siguiente, la mujer vuelve al trabajo. Su jefe está igual de gruñón y con las mismas ganas de criticarla. Pero entonces, le viene a la mente un pensamiento; tal vez su jefe está pasando por un momento difícil. ¿Es su problema o el mío?

A veces no conocemos toda la historia. A veces, está enterrada profundamente debajo de la superficie de las palabras dichas. Así que escoja usted ser compasivo y perdonar. Un hombre sabio dijo una vez: “Sé más amable de lo que creas necesario, porque todas las personas, en cada momento, están librando algún tipo de batalla”. Usted está incluido en ese grupo.