¡Deja crecer a mi pueblo!

Nota a nuestros lectores: La celebración judía de la Pascua se lleva a cabo durante ocho días. Para cada día de la Pascua, o Pesaj en hebreo, ofreceremos una reflexión devocional vinculada a esta festividad tan especial, así como lecturas de la Torá para cada día. Dado que no se puede trabajar durante los días más santos de la Pascua, estos devocionales fueron preparados para usted de antemano.

Cuando el faraón dejó salir a los israelitas, Dios no los llevó por el camino que atraviesa la tierra de los filisteos, que era el más corto, pues pensó: “Si se les presentara batalla, podrían cambiar de idea y regresar a Egipto.” — Éxodo 13:17

Los eruditos enseñan que si la Biblia no hubiese sido entregada al ser humano, habríamos aprendido muchas virtudes de la creación de Dios. Por ejemplo, habríamos aprendido la fidelidad del perro, la perseverancia de la hormiga, la creatividad de la araña. Aunque Dios sí nos dio la Biblia, todavía podemos beneficiarnos de observar a sus criaturas maravillosas. He aquí lo que podemos aprender de un sencillo cangrejo.

A diferencia de la mayoría de los animales que crecen como una sola entidad durante su vida, los cangrejos, con sus duros caparazones exteriores, no lo pueden hacer. A medida que los bebés crecen y se convierten en niños mayores, sus órganos, extremidades y rasgos faciales crecen con ellos. Pero el caparazón de un cangrejo deja de crecer cuando llega a un cierto tamaño. Los cangrejos tienen que despojarse de su capa exterior con el fin de que les crezca una nueva. Tienen que dejar atrás lo viejo con el fin de entrar en algo nuevo y mejor. Los cangrejos nos enseñan una gran lección sobre el crecimiento: a veces, con el fin de crecer, tenemos que dejar algo atrás, o quizás muchas cosas, que ya no nos convienen.

Los cangrejos instintivamente conocen esa verdad sobre el crecimiento. Saben que sin dejar de lado su viejo caparazón, nunca les va a crecer uno nuevo y mejor. Pero como seres humanos, tenemos la tendencia a resistirnos al cambio, especialmente cuando se trata de dejar atrás una parte de nosotros. Tenemos que aprender de los cangrejos y dejar de lado lo viejo.

Éxodo 13:17 dice: “Cuando el faraón dejó salir a los israelitas . . .”. Sin embargo, si traducimos este versículo literalmente del hebreo original, resulta lo siguiente: “Cuando el faraón envió a los israelitas . . .”. Los eruditos explican que cuando por fin llegó el momento para que los israelitas salieran de Egipto, estaban renuentes a hacerlo. ¡El faraón realmente tuvo que empujarlos fuera del país!

Aunque se asumiera que los hijos de Israel aprovecharían la oportunidad de escapar de la vida de esclavitud y amargura que llevaban, no lo hicieron. De hecho, el ochenta por ciento de ellos — alrededor de 2 millones de israelitas — ¡se quedaron en Egipto! ¿Estaban locos? No, sólo tenían miedo. Miedo al cambio y miedo a crecer.

La reacción de los israelitas a la oportunidad de ser libres es, en realidad, bastante natural. Como seres humanos, la mayoría de nosotros tenemos miedo a lo desconocido. Así que nos quedamos en trabajos que no nos gustan, en relaciones que nos hieren o en lugares que ya no nos convienen. Pero hay algo que es aún más aterrador que lo desconocido: ¡quedarnos con algo que sabemos nos hace daño!

La Pascua es una oportunidad para tomar pasos de fe. Es un momento para dejar atrás lo viejo y hacer sitio para lo nuevo. A medida que  me despojo de mi viejo yo, puedo llegar a ser una versión nueva y mejorada de mí mismo. El faraón dejó ir al pueblo. ¡Dejémonos a nosotros mismos ir en pos del crecimiento!