Defender la paz

Finés, hijo de Eleazar y nieto del sacerdote Aarón, ha hecho que mi ira se aparte de los israelitas, pues ha actuado con el mismo celo que yo habría tenido por mi honor. Por eso no destruí a los israelitas con el furor de mi celo. Dile, pues, a Finés que yo le concedo mi pacto de comunión. — (Números 25:11-12)

La porción de al Tora de esta semana, Pinjas, es de Números 25:10 – 30:1, y la Haftará es de 1 Reyes 18:46 – 19:21.

¿Sabe usted quién ganó el primer premio de la paz? La respuesta es Finés, y lo ganó en la lectura de la Torá de esta semana. Por haber matado al hombre israelita y a la mujer madianita que habían pecado públicamente, Dios recompensó a Finés con la paz: “Yo establezco mi pacto de paz con él.” (Números 25:12, RVR1995)

¿No suena un poco extraño? ¿Por qué Dios recompensa la violencia con un pacto de paz?

Hay un refrán en el judaísmo que dice así: “El que es amable cuando debería ser cruel, va a terminar siendo cruel cuando debería ser amable.” Hay momentos en que la crueldad es un acto de bondad, y la amabilidad un acto de crueldad. El ser padre es un ejemplo de esta realidad. Un padre que no castiga la conducta inapropiada de su hijo, está propiciando que ese niño tenga una vida llena de golpes y fracasos más adelante, porque no aprendió controlarse. La conducta “cruel” de los padres al disciplinar a un niño, puede ser un acto de gran bondad.

Ahora analicemos más de cerca la situación que enfrentó Finés y el cambio que se produjo a través de sus acciones. En aquel momento, muchos hombres israelitas estaban pecando con las mujeres moabitas, que los invitaban a adorar a los dioses de Moab. Como resultado, Dios envió una plaga que ya había cobrado la vida de 24,000 personas.

Uno de esos hombres israelitas que habían pecado públicamente, no era cualquier hombre; era uno de los príncipes de Israel, el jefe de la tribu de Simeón. Su decisión de tener relaciones inmorales con una mujer extranjera podría haber llevado a toda la nación a actos de inmoralidad. Como resultado, Dios podría haber aniquilado a todos los hijos de Israel como castigo. Pero Finés tuvo la claridad moral y la valentía de poner fin a ese comportamiento depravado. Su acto, aparentemente cruel y violento, salvó a miles de vidas y restauró la paz entre los israelitas.

Hay una historia que se cuenta sobre un hombre que al llegar a las puertas del cielo, le preguntan que por qué deberían permitirle entrar. El hombre dice: “Yo fui bueno toda mi vida. Nunca molesté a nadie ni me metí en discordias. Dejé que cada quien hiciera lo que quisiera.” “Mi amigo, ¡esa actitud le ha conseguido un pasaje en primera clase al infierno!” fue la respuesta que recibió.

A nadie le gustan las confrontaciones, pero a veces hay que levantarse en contra del mal y hablar en contra de la inmoralidad, no por nosotros, sino por Dios. Como Finés, tenemos que estar dispuestos a pronunciarnos por el bien de la paz.

La paz no vendrá si apartamos la vista mientras el mal prospera ante nuestros propios ojos. Sólo cuando prestemos atención y actuemos consecuentemente, seremos recompensados con la paz eternal.