De corazón a corazón

“No alimentes odios secretos contra tu hermano, sino reprende con franqueza a tu prójimo para que no sufras las consecuencias de su pecado.” — Levítico 19:17

La porción de la Torá de esta semana es una doble lectura, Ajarei Mot-Kedoshim, de Levítico 16:1—20:27 y la Haftará es de Amós 9:7–15.

Una vez escuché a un rabino darle un consejo a una joven pareja que comenzaba su vida de casados. “Cuando estén enojados, asegúrense de conversar sobre lo que les está molestando. A veces existe la tentación de hacer a un lado los sentimientos y aparentar que no ha pasado nada. Pero cada vez que hagan eso, será como colocar un ladrillo entre ustedes dos. Uno o dos ladrillos no causarán un gran problema, pero si siguen haciéndolo, terminarán construyendo un muro,” les dijo el rabino.

A menudo he pensado que aquel consejo también se puede aplicar en el caso de nuestros amigos, vecinos y compañeros de trabajo. Podemos pensar que estamos beneficiando nuestras amistades cuando ocultamos nuestros sentimientos heridos, pero a veces terminamos perjudicando no sólo las amistades, sino también a nosotros mismos.

La Escritura nos advierte: “No abrigues en tu corazón odio contra tu hermano . . .” (Levítico 19:17, RVC). Los sabios hacen una pregunta obvia: ¿Por qué es necesario que el versículo especifique “en tu corazón”? ¿Dónde más podemos odiar a una persona?

Los eruditos explican que hay dos maneras de odiar a alguien. Una de ellas es expresar nuestros sentimientos de forma evidente, con palabras o acciones odiosas. La otra es ocultar nuestros sentimientos en el interior, en nuestros corazones. El versículo se refiere específicamente a la segunda forma de odiar: la que parece inocua al principio, pero en última instancia, puede llegar a ser el veneno que destruya una amistad.

Sin embargo, no cometa el error de pensar que la Biblia está defendiendo el abuso verbal o físico. Dios no quiere que expresemos nuestros sentimientos de forma odiosa ni destructiva. Más bien, el siguiente versículo nos aconseja: “Ama a tu prójimo como a ti mismo” (Levítico 19:18). Cuando expresamos nuestros sentimientos de dolor, debemos hacerlo con una actitud de amor. Eso significa esperar el momento adecuado para hablar, nunca cuando las emociones estén fuera de control, sino cuando hayamos recuperado nuestra compostura y podamos expresarnos con amor.

Estas enseñanzas son de gran valor en lo que se refiere a tener amistades sanas y plenas que enriquecen nuestra vida. Ya sea que se trate del cónyuge o de un compañero de trabajo, lo que determina la calidad de nuestras relaciones y amistades es la manera en que manejamos nuestros desacuerdos. ¡Así que sigamos de corazón el consejo de Dios! Llenemos nuestro corazón de amor y vaciémoslo del odio, para que en nuestro interior haya un lugar adecuado para el espíritu del Señor. Como dice en Éxodo: “ . . . y yo habitaré en medio de ellos” (25:8, RVC). Los eruditos enseñan: Llene su corazón de amor y Dios también habitará en él.