Dar y recibir

“Ordénales a los israelitas que me traigan una ofrenda. La deben presentar todos los que sientan deseos de traérmela.” — Éxodo 25:2

La porción de la Torá de esta semana, Terumá, es de Éxodo 25:1—27:19 , y la Haftará es de 1 Reyes 5:12—6:13.

Una de las escenas más poderosas de La lista de Schindler, una película épica sobre el Holocausto, se presenta al final de la película. Oskar Schindler, empresario que se volvió humanitario, tiene que huir de los nazis y despedirse de los 1,100 trabajadores judíos que había salvado.

En un momento dramático, los trabajadores le regalan a Schindler un anillo de oro con una inscripción de una cita del Talmud: “Quien salva una vida, salva al mundo entero.” Schindler mira a su alrededor. “Pude haber hecho más,” dice. “Usted ha hecho mucho,” responden los trabajadores. “¡Despilfarré mucho dinero!” dice Schindler. “Mil cien personas están vivas, gracias a usted,” es la respuesta. “Generaciones enteras nacerán, gracias a usted.”

Para Schindler, fue un momento de claridad. Todo ese tiempo, él había sentido que gastar su dinero “comprando” trabajadores judíos y salvándolos de la muerte, era regalar su dinero. Pero al final, se dio cuenta de que estaba recibiendo mucho más de lo que había dado. Schindler se dio cuenta de que el dinero que había usado de otras maneras, había sido “despilfarrado” en comparación con el dinero que había gastado salvando vidas. Todas las cosas materiales que Schindler había comprado con su dinero se desvanecerían para siempre. Sin embargo, las vidas que había salvado traerían generaciones futuras por toda la eternidad.

Cuando Dios le instruyó a Moisés que recaudara contribuciones de los hijos de Israel, dijo: “ . . . que me traigan una ofrenda.” Pero si traducimos este versículo literalmente del hebreo original, obtenemos lo siguiente: “ . . . que reciban para mí una ofrenda.” Los eruditos cuestionan el uso de la palabra “recibir.” Ciertamente la palabra “dar” habría sido una mejor elección.

Los eruditos explican muy bien que cuando se trata de dar a los propósitos de Dios, uno nunca da; recibimos solamente. Dar a Dios es recibir una recompensa eterna. Aunque los israelitas dieran contribuciones para el Tabernáculo, recibirían recompensas de Dios que, en comparación, harían palidecer sus donaciones. De esta manera, “recibir” es más preciso que “dar.”

Curiosamente, la palabra “dar” en hebreo, natan, es un palíndromo. Natan se deletrea de la misma manera hacia adelante y hacia atrás. Según los sabios, esto indica que el acto verdadero de dar fluye en ambas direcciones. El donante es también el receptor. Porque por mucho que regalemos unos a otros, recibimos mucho más a cambio, de parte del Señor.

Esta comprensión nos debe acercar al tipo de claridad que Oskar Schindler tuvo al final del Holocausto. Todo el dinero que poseemos es temporal, pero nuestras buenas obras son eternas. Como un hombre sabio dijo una vez: “Todo lo que realmente poseo es lo que he regalado.”

¿Cómo podría usted experimentar el don de dar –y de recibir– hoy?