Curiosidad espiritual

Moisés pidió con insistencia el macho cabrío del sacrificio expiatorio, pero éste ya había sido quemado en el fuego. Irritado con Eleazar e Itamar, los hijos sobrevivientes de Aarón, les preguntó . . . — Levítico 10:16

La porción de la Torá de esta semana, Shemini, es de Levítico 9:1–11:47 y la Haftará es de 2 Samuel 6:1–19.

He aquí un poco de conocimiento bíblico general para usted: El punto medio exacto de los cinco libros de Moisés se ubica en la lectura de la Torá de esta semana. Específicamente, de acuerdo con la versión original en hebreo, el punto medio está en el capítulo 10, versículo 16. A ambos lados del punto medio se encuentra exactamente la misma palabra: drash en hebreo, que en español significa “pregunta.” En el centro de la Biblia hebrea encontramos “drash, drash,” es decir “pregunta, pregunta.”

¿Cuál es la importancia de estas palabras y cuál es su significado?

De acuerdo con la perspectiva judía, todo aprendizaje comienza con una pregunta. Al entrar en una sala de estudio judía, algo que no encontrará es el ambiente tranquilo del auditorio de una universidad, donde los estudiantes se sientan pasivamente a escuchar al profesor. Más bien, encontrará un salón lleno de pasión, en donde los estudiantes participan en el tradicional diálogo de preguntas y respuestas, convirtiéndolo en un lugar ruidoso y estrepitoso. Cuando se presenta una respuesta, surge otra pregunta; cuando se sugiere una solución, es cuestionada y refutada. Así, el aprendizaje continúa en un ciclo que nunca termina.

Los eruditos enseñan que el formato de preguntas y respuestas se adoptó porque es la mejor manera de aprender y crecer. A alguien que piensa que lo sabe todo, le será difícil aprender cualquier cosa. Pero cuando tenemos preguntas, creamos un espacio dentro de nosotros para algo nuevo. Nos abrimos a la sabiduría, a las palabras de Dios y al cambio.

Es por esa razón que encontramos en el corazón de la Biblia hebrea las palabras “pregunta, pregunta.” Dios nos está diciendo que el corazón de todo aprendizaje es cuestionar. Nunca debemos dejar de preguntar, buscar e indagar. Porque, como Sócrates dijo: “Una vida sin interrogantes no es una vida que vale la pena vivir.”

La Biblia nos anima a examinar la vida y buscar respuestas en sus páginas. Sobre la Biblia, un erudito talmúdico dijo una vez: “Voltéela y voltéela otra vez; todo está allí.” Todas las soluciones de la vida se pueden encontrar en la Biblia, y para descubrirlas hay que comenzar con una pregunta.

Cuando niños, de forma natural, somos curiosos con respecto al mundo que nos rodea. Es nuestra manera de aprender cómo funcionan las cosas y lo que somos. Sin embargo, a medida que envejecemos, se desvanece aquel asombro infantil. Como adultos, creemos que conocemos todas las respuestas, pero Dios nos dice: “Pregunte, pregunte.” ¡Nunca deje de preguntar, nunca deje de aprender! En el momento en que dejamos de buscar, dejamos de crecer. Cuando perdemos la pasión por lo nuevo, es cuando nos hacemos viejos.

Esta semana, despertemos nuestra curiosidad espiritual. Tómese el tiempo para examinar su vida, hacer preguntas y luego buscar respuestas en las Escrituras. Ahora, ¡vuélvalo a hacer!