Cumplir nuestra palabra

Cuando un hombre haga un voto al Señor, o bajo juramento haga un compromiso, no deberá faltar a su palabra sino que cumplirá con todo lo prometido. — (Números 30:2)

La porción de la Torá de esta semana es una doble lectura, Matot-Massei, de Números 30:2 – 36:13, y la Haftará es de Jeremías 2:4-28; 4:1-2.

“Muchacho,” dijo el empresario a su hijo, “hay dos cosas que son esenciales si quieres tener éxito en los negocios.” “¿Cuáles son, papá?”, preguntó el muchacho. “Integridad y sagacidad”, dijo el padre. “¿Qué es integridad?”, inquirió el muchacho. “Siempre, sin importar qué, cumple tu palabra”, respondió el padre. “¿Y sagacidad?”, preguntó de nuevo el muchacho. “¡Nunca des tu palabra!”, fue la respuesta del padre.

No sé qué es peor: faltar nuestra palabra o nunca darla. El hecho es que vivimos en una sociedad donde ambas cosas son frecuentes. Parece que la palabra “compromiso” se ha convertido en una mala palabra que puede destruir una relación o separar a los socios de un negocio. El acto del compromiso no sólo se evita, sino que también se rompe fácilmente. El matrimonio, que una vez fue una institución sagrada, se ha convertido en algo que se puede desechar; así también, faltar a los acuerdos comerciales verbales suele ser ahora la norma aceptada.

¿Qué ha pasado con la idea de que la palabra de una persona es su fianza?

La porción de la Torá de esta semana se ocupa de las leyes con respecto a hacer votos y promesas. La Biblia toma muy en serio la noción de hacer una promesa. Debido a eso, mientras que gran parte del mundo trata de evitar hacer compromisos serios, el judaísmo enseña que prosperamos cuando hacemos compromisos y los cumplimos. Es por eso que para nosotros, dar nuestra palabra es tan serio. Ya sea que se trate de un compromiso de gran envergadura o de uno pequeño e insignificante, no se nos permite romper nuestros votos. Nuestra palabra es de mucho valor.

El hecho de que asumamos y cumplamos nuestros compromisos, hace que los demás nos puedan confiar; pero más importante aún, nos da confianza en nosotros mismos. Esta práctica nos permite crecer más allá de nuestras limitaciones actuales y nos ayuda a abrir camino a través de las tentaciones y otros peligros espirituales. Aunque muchas personas piensan, de forma errónea, que comprometerse los encajonará y les impedirá hacer otras cosas, lo cierto es que es todo lo contrario. Sólo cuando somos capaces de dar nuestra palabra y cumplirla, adquirimos la capacidad de avanzar y crecer de forma exponencial.

En esta vida, todo lo que es valioso requiere compromiso. El matrimonio, los hijos, la carrera, la espiritualidad, lo que sea, todo nos obliga a ser capaces de dar nuestra palabra y cumplirla. Cuanto más cumplimos nuestra palabra, más poderosa se vuelve.

¿Qué pequeño compromiso podríamos hacer hoy? Tal vez no chismear durante una hora o visitar esta semana a alguien que se encuentra solo. Así, no sólo obtendremos el beneficio de hacer una buena obra, sino también de construir confianza en nosotros mismos y allanar el camino para nuestro crecimiento future.