¿Cuál es su inteligencia emocional?

Cuando todos los israelitas se enteraron de la sentencia que el rey había pronunciado, sintieron un gran respeto por él, pues vieron que tenía sabiduría de Dios para administrar justicia. — 1 Reyes 3:28

La porción de la Torá de esta semana, Miketz, es Génesis de 41:1 – 44:17 y de 1 Reyes 3:1 – 4:1.

La porción de la Torá de esta semana comienza con un sueño y lo mismo ocurre con la Haftará de esta semana también. En la porción de la Torá, el Faraón tuvo un sueño, y en la Haftará, el rey Salomón  apenas había despertado de uno. Pero ahí es donde terminan las similitudes. El sueño de Faraón lo dejó sintiéndose confuso; pero el sueño de Salomón, en el que Dios le ofrece concederle un deseo, lo dejó más sabio. Porque cuando se le dio a escoger, Salomón había pedido “un corazón . . . para discernir entre lo bueno y lo malo” (1 Reyes 3:9, RVC), y Dios había concedido su petición.

El resto de la Haftará narra una de las historias más famosas de la Biblia. Dos mujeres se presentaron ante Salomón, y ambas afirmaban ser la madre del mismo bebé. Salomón demostró su sabiduría divina al sugerir que cortaran el niño por la mitad. Como él esperaba, la verdadera madre suplicó salvar la vida del bebé y ofreció darle a la otra mujer el niño, mientras que la mujer mentirosa estuvo conforme con que cortaran al niño por la mitad. Se reveló así a la verdadera madre. El profundo conocimiento de la naturaleza humana que Salomón tenía, le permitió descubrir la verdad y gobernar con justicia.

Entonces, ¿cuál es la conexión con la porción de la Torá? Sólo esta. Después de que José interpretó el sueño del Faraón, hizo una sugerencia. Dado que habría siete años de abundancia y luego siete años de hambruna, José aconsejó a Faraón almacenar el grano excedente durante los buenos años para que hubiera un suministro de grano durante los años de vacas flacas. José también le sugirió al Faraón buscar a “un hombre prudente y sabio” (Génesis 41:33, RVR) para supervisar el proyecto. Al igual que Salomón, José entendió que se necesitaba sabiduría y entendimiento para ser líder. Era una lección que había aprendido a golpes.

Los problemas de José comenzaron porque no entendía la naturaleza humana. Si la hubiera entendido, no habría sido tan insensible y contundente con sus hermanos a la hora de compartir su visión de que les gobernaría a ellos un día. A pesar de que la visión de José fue correcta y sus hermanos finalmente se inclinaron ante él, José no lo había manejado de una manera sabia. De haberlo manejado mejor, los celos de sus hermanos no se hubieran despertado y él nunca habría sido vendido.

Ambas, la Torá y la Haftará, subrayan la importancia de lo que se ha dado en llamar “inteligencia emocional.” Una cosa es saber matemáticas y ciencia, pero otra cosa es entender las emociones y la naturaleza humana. Del mismo modo que agudizamos nuestras mentes, debemos perfeccionar nuestras habilidades interpersonales. Podemos hacerlo mediante la práctica de la sensibilidad, la comprensión y la empatía en cada relación que tenemos, cada día de nuestras vidas.