Creer lo increíble

Si acaso se preguntan: “¿Qué comeremos en el séptimo año, si no plantamos ni cosechamos nuestros productos?”, déjenme decirles que en el sexto año les enviaré una bendición tan grande que la tierra producirá como para tres años. — Levítico 25:20–21

La porción de la Torá de esta semana es una doble lectura, Bejar-Bejukotai, de Levítico 25:1–27:34 y la Haftará es de Jeremías 16:19—17:14.

Un niño pequeño regresó de la escuela hebrea y su padre le preguntó: “¿Qué aprendiste hoy?” “El rabino nos contó cómo fue que Moisés guio a los israelitas para que salieran de Egipto,” respondió el niño. “¿Y cómo fue?” preguntó el padre. “Moisés era un hombre fuerte y le dio una paliza al faraón. Entonces, mientras el faraón estaba todavía caído, Moisés reunió a todo el pueblo y corrió hacia el mar. Cuando llegó allí, una cuadrilla de ingenieros que Moisés tenía construyó un gran puente flotante. Una vez que llegaron al otro lado, volaron el puente mientras los egipcios trataban de cruzar,” narró el niño.

El padre estaba escandalizado: “¿Eso es lo que el rabino les enseñó?” “No. ¡Pero nunca creerías el cuento que nos contó!” contestó el niño.

Obviamente esta historia es un chiste, pero su esencia no es cosa de risa. Para muchas personas, los acontecimientos de la Biblia simplemente no son creíbles. Son demasiado insólitos como para creer que son ciertos. Sin embargo, como este cuento muestra, las alternativas son igual de inverosímiles. Tratar de explicar hechos como la creación del mundo, el éxodo de Egipto, la entrega de la Biblia al pueblo judío, la supervivencia de los israelitas en el desierto y su posterior conquista de la Tierra Prometida, como resultados de algo distinto a la mano divina de Dios, es simplemente ridículo. Es como mirar un cuadro hermoso y proponer que es producto de que la pintura se derramara accidentalmente en el lienzo, en lugar de creer que es el fruto de la mano de un artista.

Para los que quieren insistir en que las historias de la Biblia son un engaño y que el libro fue escrito por un grupo de hombres, los eruditos han señalado a lo largo de los siglos, el mandamiento del Año Sabático. La Escritura enseña que cada siete años, no se permite trabajar la tierra de Israel. Entonces, ¿qué come la gente durante ese año? Los versículos prometen que en el sexto año del ciclo, se producirán cultivos suficientes para tres años.

Digamos que fue un grupo de hombres los que escribieron la Biblia. ¿Por qué razón harían una promesa tan loca? ¿Cuánto tiempo duraría tal religión si hubiese sido realmente establecida por hombres? ¡Aproximadamente seis años! Sólo Dios podía garantizar que hubiera un superávit así en el sexto año. ¡Ciertamente tiene más sentido creer que la Biblia fue escrita por Dios!

Ahora bien, observe su propia vida. A veces es difícil creer que Dios está presente, orquestando todo perfectamente. Pero rememore e identifique todas las cosas que le han sucedido, por casualidad, y que lo han llevado hasta donde está hoy. Dios ha hecho cosas increíbles en su vida. Indudablemente tiene más sentido creer que el Señor del Universo es la fuerza que guía nuestra vida.