Creer es ver

Hoy les doy a elegir entre la bendición y la maldición: bendición, si obedecen los mandamientos que yo, el Señor su Dios, hoy les mando obedecer; maldición, si desobedecen los mandamientos del Señor su Dios y se apartan del camino que hoy les mando seguir, y se van tras dioses extraños que jamás han conocido. – Deuteronomio 11:26-28

La porción de la Torá de esta semana, Re’eh, es de Deuteronomio 11:26 – 16:17, y la Haftará es de Isaías 54:11 – 55:5.

Una vez, el comediante Bill Cosby hizo esta profunda afirmación: “No todos los ojos cerrados están durmiendo, y no todos los ojos abiertos están viendo.” En otras palabras, ver no es sólo una función de los ojos.

La lectura de la Torá de esta semana comienza así: “Mirad: Yo pongo hoy delante de vosotros la bendición y la maldición.” La porción se llama Re’eh, que significa “mirar” o “ver.” Pero, ¿qué era lo que los israelitas debían ver? ¿Por qué Dios dice “mirad”? ¿No debería haber dicho: “Escuchen, pueden elegir la bendición o la maldición. Si siguen mis leyes, serán bendecidos; si no, serán maldecidos?” ¿Qué era lo que Dios quería que vieran los hijos de Israel?

El dicho conocido es “ver para creer,” porque cuando se ve algo, se comprende a un nivel que no es comparable con la audición. Alguien puede describirle cómo es una puesta de sol sobre el mar; le puede decir qué colores aparecen en el cielo y cómo la luz se refleja en la superficie del agua. Pero hasta que usted no vea una puesta de sol sobre el océano, no podrá entender realmente lo hermosa que es.

Un ejemplo menos agradable es el caso del general Dwight D. Eisenhower, que fue a visitar los campos nazis de exterminio en Polonia. La declaración de Eisenhower ––que se encuentra en un lugar destacado en el Museo del Holocausto en Washington, DC–– dice que fue a ver la evidencia con sus propios ojos, para poder ser testigo si el mundo en alguna ocasión tratara de negar el Holocausto. Ver para creer. Creer es saber que algo es verdadero.

Cuando Dios les dijo a los hijos de Israel que debían ver que tenían una elección ante ellos, les estaba diciendo que supieran ––con toda claridad–– que seguir sus caminos les traería bendiciones y que ir en contra de él les traería maldiciones. Fue como si Dios les estuviera diciendo: “¡Vean! Estén conscientes de esta verdad, experiméntenla y guárdenla en su corazón. Habrá un momento en que su visión se nublará. Habrá un momento en que tendrán que tomar decisiones en la vida. Elíjanme. Elijan las bendiciones.”

Nos beneficiaría pensar en este versículo todos los días. A veces nos dejamos sumir en la oscuridad de la vida, hasta lugares donde la vida misma parece confusa. Sin embargo, la vida no es complicada, no cuando se mira desde la claridad que Dios nos provee en esta lectura. En cada decisión que enfrentamos, sólo hay un factor determinante: ¿Qué camino es más congruente con la voluntad de Dios? Si navegamos de acuerdo a esa brújula, nunca nos vamos a equivocar.

Ver algo con nuestros propios ojos es una forma de creer. No obstante, también es cierto que creer es una forma de ver más profunda, más clara y más plena de lo que podemos ver sólo con nuestros ojos.