Conformarse con más

“Jacob se estableció en la tierra de Canaán, donde su padre había residido como extranjero”. (Génesis 37:1, NVI)

La porción de la Torá de esta semana, Vaiéshev, es de Génesis 37:1 – 40:23 y de Amós 2:6 – 3:8.

El rabino de Kelm (siglo xix) se conocía por decir: “Una persona que ha dominado la paz de la mente lo ha ganado todo”. Una de las peticiones de Jacob, cuando regresó a la Tierra Santa, fue que quería vivir con paz mental. La lectura de esta semana comienza: “Jacob habitó en la tierra donde había vivido su padre…” El título de la porción, Vaiéshev, “y habitó”, también puede significar “y se estableció”. De este versículo, los rabinos entienden que Jacob le pidió a Dios poder “establecerse” después de las décadas de turbulencia por las que había pasado.

Aquí está el problema: ¡esta porción se trata del episodio más inquietante de todos! Leemos sobre el distanciamiento entre el hijo favorito de Jacob, José, y sus hermanos; algo que culminó cuando los hermanos vendieron a José a los nómadas y a Jacob le informaron que su amado hijo estaba muerto. ¿Podría haber una frase más inapropiada que “y se estableció” para esta selección que describe una total turbulencia en la vida de Jacob?

Los eruditos explican que cuando Jacob le pidió a Dios tranquilidad, fue cuando comenzaron las desavenencias entre José y sus hermanos. Porque Jacob quería tranquilidad, ¡Dios le envió rivalidad! ¿Qué sentido tiene esto?

Dios no estaba causando más conmoción en la vida de Jacob porque había rechazado su petición, más bien se la estaba concediendo. Sólo a través de experimentar una turbulencia extrema, Jacob podría aprender a experimentar la tranquilidad constante.

Si alguna vez ha visto a un surfista montar las olas de un tempestuoso océano, sabe que no importa qué tan turbulentas sean las aguas. Las olas suben y bajan, se reúnen, se levantan y rompen. Pero un surfista experimentado estará quieto y tranquilo, impasible en su lugar. Uno debe aprender a montar la cresta de las olas con total tranquilidad.

Sin duda, Dios podría haberle concedido la petición de paz de Jacob con ausencia de turbulencias. Pero esa sería una paz condicional, una que podría romperse en cualquier momento. Dios quiso dar a su amado siervo una tranquilidad aún mayor, una que fuera más profunda y estable. Dios quería que Jacob aprendiera que la tranquilidad viene de adentro, no de las circunstancias externas. Una vez que Jacob pudiera pasar por lo peor de todo, podría aprender a soportar cualquier cosa. Jacob se había ganado una tranquilidad que duraría el resto de su vida.

Tal vez usted ha notado que para algunas personas todo les va fácil en la vida, sin embargo, la pasan en un tumulto interior constante. Otras personas tienen bastantes problemas, sin embargo, están completamente tranquilas. El judaísmo tiene una tradición muy antigua de practicar meditación, de conectarse con Dios en paz y tranquilidad. Debe ser la meta de todo creyente mantener un lugar de fe y calma incluso en la más inquietante de las situaciones.

¿Qué puede hacer usted hoy que lo acerque más a esa meta de fe y tranquilidad en la turbulencia de la vida?